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RESEÑA SOBRE UN OCEÁNO ORFEBRE
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TÍTULO: Solaris
AUTOR: Stanislaw Lem
AÑO DE PUBLICACIÓN: Adelantada 200 años antes del 2161.
GÉNERO: Ciencia ficción de la buena.
NOTA: 9,99
PÁGINAS: 235 + 50 ó 100 que quedan posadas en la imaginación de cada lector. |
Novela que rivaliza en grandiosidad con otras de ciencia ficción reflexiva, como por ejemplo: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), 2001: Una odisea en el espacio (1968), Fundación (1951) o La invención de Morel (1940).
Lem crea una nueva ciencia: la Solarística, acerca del estudio del peculiar planeta.
Tras cien años de investigaciones y decenas y decenas de hipótesis, los científicos no han logrado dar con un patrón de comportamiento del océano de plasma que domina Solaris; el cual, como un artista inagotable, diseña miles de fenómenos colosales e ininteligibles cada pocos minutos. ¿Acaso posee una monstruosa inteligencia desconocida para el Bípedo Elegido que Todo lo Puede?
Creyendo estar cerca de una panaceática solución, los científicos hiperracionales Kris Kelvin, Snaut y Sartorius serán abocados a un estresante juego emocional y de deseos por parte del extraño P I É L A G O P E N S A N T E.
El supuesto Dios oceánico que domina Solaris, empequeñece el Conocimiento-Imperio del Hombre que hasta ahora todo lo creía abarcar. Éste no puede permitirse el lujo de responder al “¿Por qué lo hace?” si apenas puede sujetar al “¿Qué es?”.
Según se desarrolla la obra, el Doctor Kelvin parece pensar que más vale no hacer más preguntas y aceptar al inquieto ente como es: prolífico, enigmático, inalcanzable y aislacionista. Esto último se revela extrañamente antágonico a la mentalidad expansionista del Hombre.
Conciencia y consciencia humana son escaneadas a fondo en esta obra maestra.
Las extensas y excelentes explicaciones científicas del comportamiento del planeta, no son sino reflejo de la genialidad de este mítico escritor polaco; el cual pasó parte de su vida menospreciando la ciencia ficción estadounidense, que calificaba de deficiente.
Lo mismo hizo Lem con las dos versiones cinematográficas de 1972 (A. Tarkovsky) y 2002 (S. Soderbergh), las cuales son bastante buenas, a mi entender, aunque lógicamente pierdan numerosos matices literarios. |