Txus Iglesias — Vitoria. 1972. Aficionado a devorar novelas desde adolescente, comienzo con 25 años a escribir cuentos infantiles y bocetos de novelas; aunque mi primera publicación en serio se produce con 30 años y es un libro de poesía llamado Una naturaleza que pende de la cambiante luna (2002), con Editorial Arte Activo. Es un trabajo, sobre todo, que trata de hallar belleza surrealista. Así mismo, por esa época, hago pequeñas colaboraciones en revistas literarias vitorianas como “Arte Activo”, “La Botica” o “Ambar”. Luego, durante dos años preparo minuciosamente mi segundo libro de poesía que saldrá editado con el nombre Las pieles del Orizeum (2005), repitiendo con la misma editorial alavesa. Se trata de un heterogéneo y pretencioso poemario-monográfico sobre el oro, en los que algunos poemas me llevaron más de un mes cada uno. Para este libro, me ponen un pequeño artículo dos diarios locales El Correo y El periódico de Álava.
En 2007 escribo una serie de relatos relacionados con la conquista de América, llamados El peregrino en el cielo de plata que intento publicar sin éxito con algunas editoriales de Barcelona, donde resido desde ese mismo año.
En 2008 decido intentar dedicarme profesionalmente a la Literatura. Estudio para Lector Editorial y Crítico Literario y lo complemento con cursos de Edición Independiente, Corrector Ortotipográfico y maquetador Quarkxpress. Y en esa tentativa estoy. Actualmente preparo un tercer libro de poesía muy sencillo, aunque espero que original.

 

ECLÉCTICO AJEDREZ ENTRE “DIOSES”

Carlos Sanmiguel (1973)
Consolamentum (2008) – 483 págs.
Publicado por Grup Lobher, Callús (Barcelona)

Consolamentum

         “… No podía ser.
¿La estrella era idéntica a la que predijo el nacimiento de Cristo?
¿Cómo podía haber llegado al Vaticano a tal conclusión?
¿Qué documentos tenía en su poder que certificaba aquella afirmación?…

         Este es un significativo pedacito extraído de la segunda entrega del ambicioso, valiente e interesante trípode literario que está desarrollando Carlos Sanmiguel sobre los avatares de Jesús Plantard. Después de su “ópera prima” La Oscura sombra de lo sagrado (2006) y tras dos años de minucioso y disciplinado trabajo, tenemos la continuación en Consolamentum (2008).

         Antes de comenzar el análisis de la sangre literaria del proyecto, se ha de agradecer al autor su impagable gesto textual, al principio, para intentar evitar que el lector medio sobredimensione el pacto ficcional con la propia obra. Demos la palabra, pues, a Sanmiguel:

         “Escribir Consolamentum no ha respondido nunca a un intento del escritor de rebatir creencias cristianas o herir la sensibilidad de personas que de corazón creen en sus creencias. Asimismo, tampoco me ha movido un interés prepotente de afirmar lo que se narra como una verdad absoluta. En realidad, nadie está en posesión de ella en su totalidad, y por el contrario, hay algo de ella en cada dogma. Mi intención principal es entretener y al mismo tiempo que el lector medite en las diversas alternativas y tonalidades existentes alrededor de la religión, sin dejarse subyugar con ideas pre-establecidas y que nuestra virtud de elegir y razonar por nosotros mismos, impere por encima del pensamiento general y establecido de antemano”.

         Mientras los términos “agilidad narrativa” y “simplicidad comercial” se pelean dentro de la obra como un ángel y un diablo, no cabe ninguna duda de que Carlos Sanmiguel ha conseguido una lograda tensión en la misma. SUPERLATIVA TENSIÓN diría yo. Con enorme habilidad, se nos mantiene clavados al texto casi desde la última a la postrera palabra; con lo que la virtud de sostener la intriga de continuo late aquí con especial fuerza. Salvo el innecesario desvío con Alejandra y Paola, el 99% del tiempo la historia es pedaleo firme y consecuente nervio puro en lo que a este apartado se refiere.

         Otro tanto a favor del autor es que, si en su primer puzzle de la saga optó por titularlo de modo más convencional; en éste nos sume en la sabrosa duda acerca de lo que puede significar la inquietante palabra Consolamentum y uno la imagina dicha en alto, con severidad y misterio por algún sacerdote de marcadas convicciones religiosas.

         Para empezar a descubrirlo, claro, hemos de ir al principio de la historia, la cual nos lleva a Jesús Plantard despertándose débilmente en un hospital sin sospechar en quien se convertirá y los acontecimientos de milenaria ...

         (Interludio de lector: Cuando aterrizamos con el Jet de Mach15 en el excitante capítulo del desierto de Nevada, en la Tierra de los Sueños, es muy adecuado acompañar el texto con la psicodélica canción instrumental “Area 51” del gran grupo británico “The Charlatans”)

         ... magnitud que le llevaran a enfrentarse a la organización más peligrosa, esotérica y subliminal que existió jamás. Para evitar una Catástrofe de proporciones bíblicas, habrá de viajar con presteza, en compañía de sus amigos, a distintas partes del mundo; partiendo desde la Ciudad de la Rambla Absorbente como es Barcelona hacia Roma, Francia, Etiopía, El Tibet, Estados Unidos y de vuelta a su querida Montaña Sagrada de Montserrat.

         Todos estos ciclópeos crisoles hornearán una topofilia diversa en las psiques de todos los personajes, cada uno afectándoles profundamente de distinta manera según sea su terreno o no. Serán lugares que, con su grandeza y estética, se estamparan (en un sentido u otro) indeleblemente en estos visitantes.

         La narración va discurriendo en una efectiva primera persona encarnada por Plantard (casi siempre intradiegético-homodiegético), donde éste adquiere la peculiaridad de erigir su propio rascacielos, del todo omnisciente, para con las situaciones o los personajes que le rodean.

         Pero el planteamiento más destacado y meritorio de Sanmiguel es cuando llegamos al capítulo del “origen de Jah”. Aquí, se acerca muchísimo al nivel de propuestas brillantísimas llevadas a cabo por Michel Jeury, Larry Niven o Whitley Strieber, además de otros maestros del género de la ciencia-ficción. Sólo con la sorprendente idea central sobre el “escultor” Jah, merece la pena leerse el libro porque el autor te devuelve por duplicado el importe que has pagado por él.

         A nadie dejará indiferente la imaginativa tesis sobre el ajedrez planetario y sus “jugadores”. No digo más.

         En cuanto a la trama temporal, decir que todo va envuelto en una estructura de 65 sucintos capítulos, con auxiliares citas bíblicas en algunos de ellos y útiles dibujos en otros, además de los prólogos y epílogo clásicos; siguiendo todo una trepidante linealidad a excepción de cuatro flashback aclaratorios. Aparte, parece haber una subtrama circular presentada de forma heterogénea. Esta consistiría en el hecho de despertarse Plantard más o menos de la misma forma en un sitio u otro. ¿Habría una falacia intencional acerca de una posible estructura de repetición, es decir, como una interpretación de circularidad vital?

         Haciendo gala de un trabajado eclecticismo por parte del escritor, se ha de destacar, por lo tanto, la extensa y atractiva “varietat” de temáticas que se abordan y se ensamblan (no falla en ninguna al escoger su atractivo aunque por el contrario nos acercamos al agotamiento comercial de dichos temas). Efectivamente, Sanmiguel nos obsequia con una intensa y costosa investigación acerca de ufología, religión, Templarios, cátaros, acertijos, metrópolis ocultas o reliquias místicas.

         Otros temas clásicos se cuelan en las rendijas que dejan los ya citados: el Amor como única salida a la demencia del Homo Sapiens, el ensalzamiento de la Amistad o el estimable propósito de sentir y crear el Bien en detrimento de la, en el fondo, absurda crueldad antropológica.

Ajedrez
(Imagen que me sugiere la novela)

         Por último, apuntar el riesgo que supone colgarle a Consolamentum el cartel de género de “novela de aventuras”, “relato fantástico”, o “thriller clerical” ya que la obra muestra, afortunadamente, cierta resistencia a una clasificación concreta.

         Sin otro remedio, esto nos lleva a darnos una vuelta por el “mainstream” de la Literatura, donde podemos encontrar en la jungla intertextual que la obra colecciona pequeños paralelismos o reminiscencias con obras tan diversas como La pasión del Doctor Christian, El resurgir de la Atlántida, El código da Vinci, El último Merovingio, El Ocho, La Orden negra, alguna teoría de J.J. Benitez con sus inseparables ovnis o de Robin Cook y sus epidemias totalitarias, además de un kilométrico etcétera. También se suma algún eco de guión cinematográfico con el “sello” de Ingmar Bergmar.

         Carlos Sanmiguel aprovecha y filtra todas estas influencias, algunas bestsellerianas y alguna que otra más expresionista (quien esté libre de todas ellas que tire el primer pedrusco dogmático), para conformar su complejo y adictivo entramado con la aventura fraseada de Jesús Plantard.

         El protagonista: el inteligente, magnánimo y decidido Plantard, supera por bastante a otros héroes bastante insípidos como Robert Langdon o Dirk Pitt y es que el autor nos lo presenta muy humano; con sus contradicciones lógicas siendo, por ejemplo, pedante unas veces pero modesto otras. Incluso te hace reír con sus ocurrencias gruñonas. Plantard es presentado con una buena carga de verosimilitud novelesca (sin parecer un X-men) y rezuma nobleza ante el conflicto que le supone la brutal responsabilidad impuesta que él no ha elegido. También en Jesús se resumen los propósitos de toda la narración en cuanto al insistente conflicto del Bien tentado por lo maligno y además, como todos, se hace las típicas preguntas del origen y destino del Hombre.

         Sin embargo, Consolamentum carece de un protagonista secundario notable (como Silas en The Da Vinci Code por ejemplo). Quedan demasiado desnudas y estandarizadas las técnicas de construcción de personajes como Poncio Andiani (el cada vez más escéptico ex–cura ayudante y admirador de Plantard), Philippe Daconte (arqueólogo seductor y aventurero), Joseph Conover (militar aparentemente hiper U.S.A., altanero y prepotente), Alejandra (agente misteriosa y bella ayudante de Conover), El Gran Maestre (inesperado malvadísimo que quiere hacer del mundo su juguete) o Teresa (“perfecta” madre protectora de su “retoño ardiente”).

         Todos estos personajes quedan sin excavar y apenas pasan de ser un mero desfile de clichés. Únicamente, Gabriel y Asmodeo parecen destilar un cierto imán angélico.

         Repleta de instructivos diálogos, sin embargo, en la obra se echan de menos algunos “tour de forcé” líricos o algunas arriesgadas inmersiones descriptivo-metáforicas. Aunque, Sanmiguel no demuestra en este trabajo ser un consumado virtuoso del léxico (no digo que no anide en su evidente talento); tengamos en cuenta que ésta es sólo su segunda novela y que, al menos, desprende un bestial potencial como escritor que, esperemos, le permita superarse a sí mismo en el terreno de ornamentar la “elocutio”.

         Estoy convencido de ello.

         Esperamos impacientes la tercera venida de Jesús Plantard.

         De momento, enhorabuena por esta segunda, Sr. Carlos Sanmiguel.

TXUS IGLESIAS
escribió desde el SOL 909

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