Olga Severgnini — Escritora nacida en Rosario. Reside actualmente en San Lorenzo, provincia de Santa Fe, República Argentina. Posee estudios de Periodismo y Licenciatura en Filosofía. Integró Talleres Literarios. Ha sido premiada por sus textos. Obtuvo así el 1° Premio en Poesía Inédita “Ciudad de Rosario” en el año 1991, otorgado por el Centro de Arte Urano 2001. Es autora de los libros Como la Gata Flora, poemas y Surcos Vitales, relatos. Sus textos integran antologías y han sido publicados en revistas literarias locales, nacionales e internacionales. Actualmente coordina el Taller Literario “Alfonsina Storni” en su ciudad de residencia.

 

Barcos 

Garabatear
queriendo encontrarte
en el puerto blanco del papel
donde nos despedimos
con promesas, versos
dulces centros del alma

Monotonía
en la desolación desmadrada
de este inmaduro despertar

El sueño ancla
en la espera del cielo
ciclo de amor
duendes que buscan peces
en la distancia profunda
                  del mar
y se besan en la eternidad
                        de las cartas

Las hojas se colman de tu nombre
encerrado en tanta tinta
que los barcos saben tu piel
en el recuerdo de tu rostro

Y sigo en el camino
de esta búsqueda incierta
esperando la luz
                        de tus ojos
en paz.


Brasil 

Aquel hipocampo le devolvió al alma
una certeza
trozos de mar
danzando en el abismo
de la melancolía.

Por alguna razón
esas hebras saladas calaron y
ayudan
a que las lágrimas desprendan las cáscaras
para morder el fruto secreto
                        profundo
de las emociones.

Otra vez surge el amor que
creía olvidado
sólo el mar me devuelve
el brillo de los astros

¿cuándo morder al fin el fruto
cuándo comer de mi corazón?

Ese hipocampo atrapó los morros
y me los trajo
de la mano de una música
                        ensoñada...
acaso siempre
la misma.

(dicen que los hipocampos son símbolos de fidelidad, porque, cuando, en la pareja, uno se va y no regresa, el otro, que lo estuvo esperando todo el tiempo, muere)


Relámpagos 

Cartas de amor donde nombrar
y anhelar
la lluvia.
En la intemperie
un trueno busca el lugar secreto
donde cazar relámpagos
que enumeren los momentos
en que mordí la vid.

Pasada la tarde
que aparezca una caricia
descalza
para pronunciar la lluvia
y en el centro
inventar leyendas
que hablen sólo de ese amor.

Guardarlas luego en una lágrima
hasta caer la noche
tarde...

(basado en un poema de Gerardo Di Masso)

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