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Barcos
Garabatear
queriendo encontrarte
en el puerto blanco del papel
donde nos despedimos
con promesas, versos
dulces centros del alma
Monotonía
en la desolación desmadrada
de este inmaduro despertar
El sueño ancla
en la espera del cielo
ciclo de amor
duendes que buscan peces
en la distancia profunda
del mar
y se besan en la eternidad
de las cartas
Las hojas se colman de tu nombre
encerrado en tanta tinta
que los barcos saben tu piel
en el recuerdo de tu rostro
Y sigo en el camino
de esta búsqueda incierta
esperando la luz
de tus ojos
en paz.
Brasil
Aquel hipocampo le devolvió al alma
una certeza
trozos de mar
danzando en el abismo
de la melancolía.
Por alguna razón
esas hebras saladas calaron y
ayudan
a que las lágrimas desprendan las cáscaras
para morder el fruto secreto
profundo
de las emociones.
Otra vez surge el amor que
creía olvidado
sólo el mar me devuelve
el brillo de los astros
¿cuándo morder al fin el fruto
cuándo comer de mi corazón?
Ese hipocampo atrapó los morros
y me los trajo
de la mano de una música
ensoñada...
acaso siempre
la misma.
(dicen que los hipocampos son símbolos de fidelidad, porque, cuando, en la pareja, uno se va y no regresa, el otro, que lo estuvo esperando todo el tiempo, muere)
Relámpagos
Cartas de amor donde nombrar
y anhelar
la lluvia.
En la intemperie
un trueno busca el lugar secreto
donde cazar relámpagos
que enumeren los momentos
en que mordí la vid.
Pasada la tarde
que aparezca una caricia
descalza
para pronunciar la lluvia
y en el centro
inventar leyendas
que hablen sólo de ese amor.
Guardarlas luego en una lágrima
hasta caer la noche
tarde...
(basado en un poema de Gerardo Di Masso) |