Miguel Ángel Yuste de Paz — Nació en 1959 en Alcalá de Henares, Madrid, y después de alguna vuelta vino a parar a Barcelona, donde vive desde hace ocho años.
Es doctor en Historia y ha publicado un libro “Las Instituciones de la II República española en el exilio y la guerra fría, 1947-1951”, además de artículos en revistas especializadas de Historia contemporánea de España Ha sido también jurado en algún premio de ensayo histórico. En la actualidad no se dedica profesionalmente a la Historia y trabaja como funcionario de la administración pública autonómica.
La literatura es una dedicación que se cuela en su vida por medio de la lectura y de la escritura, lo que le permite dar salida a sus pensamientos, observaciones e ideas a través de narraciones, cuentos y poesías.
La fotografía es también una de sus dedicaciones, ha realizado varias exposiciones y colaboraciones.

 

La sirena azul 

         Hoy la sirena azul resplandece en el mar gris. Su corta melena negra resguarda su cara del sol Mediterráneo tallando su perfil de reina. Me mira, o lo creo, al girar para acomodarse sobre las rocas de la isla soleada. Su gesto no es serio ni alegre, pura vida, pero su cuerpo al sentir la mirada de los marineros que en sus naves pasan se transforma ofreciendo una recién estrenada belleza como tigre recién bañado en un lago del Himalaya, limpio, salvaje y hermoso. Yo soy el único que a estas horas está despierto sobre la cubierta de este barco que cruje sobre el mar oscuro, entonces levanta la cabeza y me mira, o yo lo creo, primero de soslayo y luego fijamente, trastocando para siempre la paz que creía yo me gobernaba estas tempranas horas del día. Me conformo primero con admirarla incrédulo sobre la rocalla del mar cálido, luego, no recuerdo como, me arrojo al mar y sin cansarme hacia sus ojos nado. Cuando ya palpo la roca suave no hay nadie sobre ella, pero ya no puedo volver al barco ni trepar la roca para buscarla, pero ahora una voz suave me llama, la veo cercana sobre la arena blanca de una hasta ahora invisible cala, es ahora una mujer plena, viste su azul camisa y sus azules pequeñas bragas, me quito la ropa mojada mientras me seca y su cuerpo calentado por el sol me abraza y quema, de la mano me lleva hasta su lecho blanco en el interior de una pequeña cueva, y allí pierdo la noticia del tiempo y la capacidad del recuerdo. Solo el sabor de mi boca me permite balbucir el fruto de la delicia ahora. Suspendido en el tiempo la abrazo y protejo en la oscuridad estrellada mientras miro el trozo de noche y mar que recorta la entrada de la cueva desde este tálamo griego.

         Y ahora, bendita musa en la mañana que saltas sobre lo cotidiano aquí donde escribo, gracias por permitirme escribir y ganar diez minutos de vida plena, pues ahora se que, como Ulises en su Odisea, incluso con tapones en lo oídos y atado al mástil de la nave, sucumbiría a tus cantos, sirena azul camino de la perdición, a buen seguro muy literaria, pero bendita tu, y la perdición que a tu playa me arrastra.

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