Lourdes Vázquez — Es narradora, poeta, ensayista, bibliógrafa, tallerista, adivinadora y pensadora. Entre sus últimos trabajos se encuentran Samandar: libro de viajes (Argentina, Tsé Tsé, 2007), el libro de artista junto a la artista Consuelo Gotay Salmos del cuerpo ardiente (San Juan, 2007); el video dirigido por Adál Maldonado: Meche en doble luna llena junto a la artista Tere Martínez (New York, 2006); el video Gato=Cat dirigido por Andrea Hasselager y Lena Lavtsen (NY-Dinamarca, 2006); su novela Sin ti no soy yo (Puerto, 2005), Bestiary: Selected Poems 1986-1997 (Arizona: Bilingual Review Press, 2004), La estatuilla (San Juan: Cultural, 2004), Salmos del cuerpo ardiente (México: Chihuahua Arde, 2004), May the Transvestites of my island who tap their heels exquisitely (New York: Belladona, 2004); Desnudo con Huesos=Nude with Bones (New York: La Candelaria, 2003), Park Slope (Provicentown: Duration Press, 2003), Hablar sobre Julia (Texas: SALALM , 2002) e Historias del Pulgarcito (Cultural, 1999). De próxima aparición está su novela Not myself without you (Bilingual Review Press), el libreto Una muñeca de cerámica…, en edición bilingüe (Wheelhouse), Tres cuentos y un infortunio (Argentina: Fundación Ross), además de una antología de narradoras que escriben en español en Estados Unidos, que también publicará Ross.
Es ganadora de varios premios entre los que se encuentra el premio Juan Rulfo de cuentos en la categoría "Literate World" (Francia), 2002. Su libro Bestiary fue uno de los finalistas al premio Foreword por el Mejor Libro del Año, 2004 (E.U.) En 2006 el cuento en traducción: They’re looking for us fue seleccionado como uno de los mejores cuentos publicados en revistas en Estados Unidos. Sus trabajos han sido traducidos al inglés, sueco, portugués, italiano, gallego y mixteca. Su obra ha sido publicada en sinnúmero de revistas y antologías.

 

Claudia y Yo 

         La primera vez que vi a Claudia estaba incrustada en el diseño de un tapiz de un museo. Vestía un traje de época y una corona de margaritas frescas rodeaba su cabeza. El tapiz, con bordes elaborados que dibujaban diseños de ostras y cangrejos en hilos de oro y seda, era su casa. En alguna oportunidad pudo escapar.

         Claudia, es aquel desorden que se va gestando frente a la película de la vida. Sin tener conciencia de ello va consumiendo madelines con café, sentada en la mesa de mi cocina, como si degustara la última cena. Alimentarse de madelines, me dijo, es recordar la infancia de Proust, siempre enfermo en una cama de madera con pilares altos.

         El comportamiento errático y exigente de Claudia me recuerda a un laberinto. Una especie de locura que como el veneno del escorpión la va nutriendo, una planta Mandrake que se diluye dentro de un pozo fragmentado: le crecen varias cabezas y siente que es inconfundiblemente immortal, como el error humano.

         Eres Claudia la ceniza emocional de una diosa o la niña que busca a su amante a pesar de no conocerle y de no pertenecerle. Pienso que has sido abducida y conducida por un camino falso, metiéndote en el submundo rosa de una pantalla de televisor en el que únicamente yo puedo tener espacio. Aquí estoy examinando la multiplicidad y confusión de tu imagen como se estudia un pato estrangulado por una serpiente.

         Con el tiempo Claudia te has transformado en un hueco artificial e interminable de molestias, ruidos, adicciones y aficciones. Eres el danger medieval que todos evitan. Vas y vienes dejando una lámina luminosa de ansiedades como Adelle H’, en su paso por alguna habitación de hotel caribeño o como aquella Camila devorando y amando las manos de Rodin. Persigues un recorrido que puede incluir las piedras, el fondo inherente y el iris con sus luces neón, para encontrar el vacío universal: aquel del que la postmodernidad habla.

         Pero mal-conduces un carro maltratado y tirado por bueyes como un detective inexperto maneja una investigación criminal: esa pareja de recién casados muertos en plena luna de miel justo cuando llevaban a cabo el acto sexual. El criminal entonces penetra la sortija matrimonial del varón en la vagina de la occisa.

         Mi obsesión por ti no me permite distinguir el lirio azul que flota en el Nilo o los herbarios de los bestiarios. El parecido a ese yo personal de la otraedad me hace tomar el caballo y halarle las crines hasta que trote tan fuerte que puedo encontrarte metida en algún paseo bifurcado y solitario, espléndida de desconciertos y descaminos. Te escrutino para poder explicar algo del constante desafío por aquello que desconoces y además omites. Eres la humillación y los múltiples rechazos que una vez yo padecí y que como vestuarios rotos se multiplican, hablando sobre un diario en un código diáfano y liviano y poco asequible. Todo es poco comparado con las ansias de tenerte distante evitando así descubrir mis cicatrices de antaño.

         Tener una luna llena de frente, sin luces de ciudad o nubes que atormeten la vista, es todo lo que he añorado y en concesuencia luchado hasta desangrarme y llegaste tú para oscurecer mi semblante. Con tu sublime rostro y tu traje roto por el tiempo no te has dado cuenta Claudia que eres como aquella rara música antigua programada para morir.

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