Laura Muñoz Domínguez — Elche, España, 1983. Es Ingeniera técnica en informática de gestión por la Universidad de Alicante. Actriz de teatro amateur, fotógrafa aficionada y ardua lectora desde su infancia, lleva escribiendo desde 1999 y publicando en Internet desde 2005. Su obra principalmente se sustenta en la prosa poética aunque ha escrito algún relato. Tiene como proyecto publicar una antología poética con Agustín Aniorte.

 

Te enseñaré a volar 

Quiero un ejército de mariposas
para esta batalla de caricias
que aleteen mimosas por toda tu piel.
Seré si es preciso esta noche
una asesina inmisericorde
y mi víctima será tu soledad.
Exprimiré el fuego de mi cuerpo
en busca de gotas de calor
que resbalen hasta ti.
Y cuando ardas
soplaré tus cenizas
para mezclarte con la brisa.
Daré lustro a tus alas
y te enseñaré a volar.
Prometo no volvértelas a cortar.


Abandono 

Mujer de camisón fino,
ancha de frente,
estrecha de mente
y ojos de vino.

Esa mujer se llama abandono,
si eso duele ya poco importa,
aquí me quedo impertérrita y absorta.
Yo, cómoda, me aposento en su trono.

De que extraños artificios
está hecho el amor de un hombre
harto repleto de propios beneficios.

Pero si olvidan tu nombre
amores son desperdicios
y la pasión se hace hambre.


Ella 

Como una hermosa salicaria
de perenne belleza
iluminando mi camino
con sus pétalos caídos.

Descuella en mis sueños
como la musa prohibida
ardiendo en mis entrañas
sin combustible conocido.

En el paroxismo literario
ella arqueó mi cuerpo
con sus dedos invisibles
de suave fuego artificial.

Musa y pasionaria,
dos espinas de un mismo tallo.
Orgasmo consumado
y el deseo envuelto en su sayo.


Romanticismo marchito 

El romanticismo se marchó.
Era una fría noche y no lo pensó
Cogió sus maletas y no volvió.
La exhaltación del amor.
El santo numen de la pasión
El viento del norte se los llevó.
En una maleta se lleva al último
hombre envuelto en llanto.
En la otra mi corazón
con su fúnebre manto.
Los románticos se cobijan
bajo la tormenta de jadeos.
Se ha abierto la veda,
a por ellos, sin rodeos
La compasión un sentimiento ajeno.
La felicidad, una visión lejana.
Un hijo destetado, un abuelo desdentado
y el romanticismo... se ha marchitado.


Sirena ahogada 

La cobardía la venció.
Y que dolor, será una condena.
Por quedecires me dejó,
llorar ya no vale la pena.
Ella era mi hogar
y ahora estoy desamparado.
Mi orgullo degollado
se debate por subsistir.
El vacío devora mis entrañas.
Mi alegría está abierta en canal.
Cualquier autopsia resultaría vanal,
muerte por desamor innegable.
Hay sirenas que se ahogan en el mar.
La mía se ahogó en la bañera.
Entre lágrimas, la dama plañidera,
se rindió y dejo de nadar.
Que horrendamente triste es todo esto.
Que bochornoso final a tan honrosa gesta.
Que devenir irónico nos trae la vida esta.
Que insulsa muerte, princesa funesta.


Inspiración 

Esclava de la rutina,
envuelta en una vida ajena a mi existencia,
recuerdo, en mi delirio, a la vieja musa
que me abrazaba cuando en hielo me convertía.
Hiéreme si es preciso...
solo quiero volver a sangrar versos.
Alcoholízame lo necesario
para que mi alma vuelva a vomitar sensaciones.
Ámame, si lo prefieres...
Inunda de pasión mis entrañas
y de sentimientos el corazón
de manera que a este no le quepa ni uno más
y escupiéndolos en forma de palabras
reboten en mi paladar,
para brotar finalmente entre mis dedos
como frases de esperanza y emoción.
Cálida inspiración añorada,
devuelveme a ese mundo de sueños
en el que las palabras me acunan hasta que,
adormecida, me rindo ante el oniro.
Oh! Si estás aquí...
Gracias.


Morir para nacer 

El fenecer del día trajo la muerte a mis ojos,
se descomponen en lágrimas devorados por tu insidioso recuerdo.

Es la primera vez que esto ocurre.
Es la primera vez que el fastuoso vergel
se convierte en infierno y, esa imagen,
rompe mi corazón en mil trozos de cristal
tornasolado, que se me clavan por dentro
e irrigan mi sangre con una tristeza insondable.

El cielo ya no es sol y el cerebro me duele al pensarte.
Me daño y callo, por no dañar, tantas deleznables cuestiones
y reproches baldíos que me pudro por dentro.

Mi hajado corazón en su hediendo aposento, resquebrajado,
vomita sentimientos y el alma resta empachada de tragarlos.

Cuando el cielo vuelva a irradiar su calor, mi alma se meterá
los dedos antes que engordarse de amores sin sentido,
expulsará la espora de mi felicidad y sus restos y espero
que el tiempo sea la purga que necesita.

Naciendo de un réquiem, lacerante destino,
un nuevo linaje emprenderá su camino.


Rememora 

Solo sentarme junto a ti es un mundo,
no importa que toda la inquina de ese mundo
pudiera sobrecaer sobre mí por hacerlo.
Solo sentarme junto a ti era un mundo
Ya pueden venir a zaherir mi orgullo,
sabiendo que estás ahí nada me daña.
Eres la furia de mi corazón, la calma de mi ira.
Ya podían venir a zaherir mi orgullo.
Besarte es sentir el calor del averno,
sabemos que hemos sido malos pero disfrutamos,
nadie ha de venir a juzgarnos ya.
Besarte fue sentir el calor del averno.
Y si no somos más que una estrella fugaz
y esto terminó antes de empezar
rememora solo la vehemencia del sentir.
Y si no fuimos más que una estrella fugaz...
... solo rememora.


Sentires desmenuzados 

Hasta la flor más bonita
acaba marchitando.
Y nada vuelve a florecer
en el campo muerto,
en esta tierra baldía
de sentires desmenuzados.
El frío invernal,por su parte, hace su trabajo
Frío, escarnio de una sociedad
de sentimientos congelados.
Frío, acogedor vacío.
La luna, envuelta en macilentas rosas
se refugia para invernar.
Ya vendrán tiempos mejores...
ya vendrán tiempos mejores...
pero difícil será recomponer
estos sentires desmenuzados.
Desvaída, agonizante, se duerme la luna.

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