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El caso de la mente huidiza
—Y por entre las calles dibujadas en blanco y negro, una oscura neblina gris se fue formando. Sólo era capaz de ver una cosa y esa era el fuego que consumía mi cigarrillo… —no esta mal, ¿no os parece? Tengo esa manía desde niño: cuando espero, relato lo que veo como si de una película retro antigua se tratara— fue entonces cuando decidí darle una calada y embriagarme con su aroma a vainilla —y así lo hice.
Tal vez debería presentarme… aunque no sea algo profesional, ya que se trata de un pequeño informe oficial para mi contable y no un relato, pero ésta es una de mis muchas “espinas clavadas” en mi corazón, así que lo siento Thomas, te vas a tener que tragar el informe como si fuera un relato. Hoy me siento inspirado y es que lo que pasó en Io, no es para menos.
¿Por dónde iba? ¡Ah sí! Iba a presentarme como si fueras un lector anónimo… disculpa, uno se pone a hablar y se olvida de estos insignificantes detalles... está bien, te hablare como si estuvieras presente y no fueras sólo una I.A. contable con residencia en 17-g del sistema de Altair. Seguro que al menos con esto, no te hará exigirme tantos aumentos de sueldo.
Como te iba diciendo, estaba en las calles del sistema de hoteles de Io, delante del hostal Miura. Sí, esperaba a Sophie, que venía a traerme los informes del nuevo caso, ese que conseguiría que se fueran las deudas y pudiera pagarte al fin. Seguramente estarás poniendo los ojos en blanco y diciéndome, que si borrara de mi chip neuronal parte de mis carreras universitarias inútiles, podría recibir los casos directamente en mi cabeza. Aunque luego dijeras que parte de mi encanto es ese estilo retro antiguo del siglo veintiuno de investigación, seguro que te quejarías.
Y hoy al fin, puedo decir que buena parte de esos conocimientos inútiles, me sirvieron para atrapar al asesino. Pero no debo adelantarme, eso estropearía todas las sorpresas argumentativas, así que voy a dejar de pensar en qué dirías y comenzaré (y como se te ocurra decir algo sobre mi falta de estilo, voy a Altair y te rompo las piernas). Nada, ya harás el maldito papeleo.
Emergió por entre la neblina con un destello causado por los faros. Cuando se puso a mi altura, activó el cono de limpieza de la contaminación y mi cuerpo volvió a recuperar su acostumbrado color cuando se limpió, después entré en el vehículo.
Sus ojos oscuros brillaban eufóricos; su pelo castaño estaba hecho una maraña indomable. Algo muy extraño, ya sabes que le encanta cuidar su imagen, le gusta que le diga lo guapa que es… esta vez parecía que hubiera algo más importante. Por lo poco que me había dicho por la videoconferencia, éste iba a ser el caso de mi vida… no me contó nada más y al verla así, me picó la curiosidad.
—Saca uno de los cubanitos —me dijo mientras arrancaba el coche con dificultad. Parpadeé perplejo, los cubanitos son esos pitillos que guardo, prometiendo que cuando tengamos algo que celebrar, os daría uno a cada uno—. Tenemos un M.M., hay que celebrarlo.
—¿Un mass media? —pregunté casi sin poder respirar por la alegría—. ¿Pero cómo es posible?
—Firma —pidió tendiéndome una de esas tablas de recepción de datos que usamos para que los jefes sepan que he recibido los casos… aunque por lo qué leí, éste tenía una cláusula irrompible de silencio y contrato. Es decir, salvo que lo pidiera de forma oficial, no podría hablar con los medios y si intentaba escaquearme del trabajo, me endeudaría lo suficiente como para ser pobre en todas las reencarnaciones que me tocaran—, la paga que nos darán pagará todas nuestras deudas —sin dudas, pegué mi dedo en una de las esquinas y con un sonido mecánico, el objeto desapareció. Con un ágil movimiento activó la pantalla del ordenador y la cara de un hombre nos observó. Tenía la piel cetrina, con una mirada y expresión tristes, aun a pesar de la sonrisa.
—Un M.M. en toda regla —afirmó—. El asesinato de un científico importante que supuestamente trabaja para el gobierno y conocido por el público por su comportamiento polémico.
—Bendito cadáver que va a pagar mis facturas.
—Y que desde ayer, se ha cargado los procesadores de cuatro robots policías.
—Dios, ¿tantas incongruencias tiene? —pregunté sorprendido.
—Han afirmado cuando han sido recuperados que, o bien era obra de un genio o de un estúpido.
—Prefiero a los últimos, son más fáciles de atrapar… ¿y por qué nos han llamado a nosotros?
—Necesitan a un todo en uno —aquello me dejó de gustar. Para que nos entiendas, un todo en uno implica que debo ser juez, abogado y jurado. Alguien quería que el culpable fuera rápidamente procesado—. Han intentado usar a los robots de nivel 0.
—¿En un asesinato? Pero las reglas de Mulknic para los policías exigen…
—Que para los asesinatos, deben usarse I.A.s con un equivalente a veinticinco años humanos —recitó ella de memoria—. Lo sé, pero estaban desesperados. La I.A más cercana que cumple esos requisitos está en Próxima Centauri; para conseguir descargarla y que un cuerpo la asimile habrían tardado semana y media.
—¿Y mandarle todos los datos para que lo procesara?
—El mismo tiempo. Por lo visto, como nadie sabía muy bien qué era importante y qué no, han metido una buena cantidad de morralla. A saber cuánto de lo que vamos a ver es basura y cuánto es utilizable —nos quedamos en silencio y es que en aquel momento, me di cuenta de una cosa: ¿para qué tanto secretismo?
—Hay algo que no me cuadra —empecé y Sophie bufó.
—No tiene por qué ser una trampa, no seas tan paranoico —y sin más, a una orden de su voz, al lado de la foto surgieron varios datos—. La víctima, es Frank N. Furter, nombre al nacer: Johann Cassidy. Se lo cambió por esa manía que tienen los inventores, de llamarse como locos de películas retro antiguas de bidimensiones.
—¿Furter? ¿El matemático? —pregunté cuando recordé de qué me sonaba… y por enésima vez, me sentía sorprendido, aquel caso iba a ser mucho más interesante de lo que parecía en un comienzo.
—¿Le conoces?
—¿Y quién no? Es uno de los genios más brillantes de nuestro tiempo, incluso le han llegado a equiparar con el mismísimo Leonardo Da Vinci.
—¿¡Con Leonardo Da Vinci VI!? —puse los ojos en blanco, a veces mi compañera era capaz de demostrar que le faltaban unos cuantos conocimientos.
—¿De qué otro Leonardo podría estar hablando? —insistí—. Se rumoreaba que ese tío había hecho unos cuantos descubrimientos que podían revolucionar todo lo que conocíamos hasta ahora.
—Según la ficha, su único logro ha sido descubrir los últimos cinco dígitos del número Pi —sentenció ella con una mueca maliciosa.
—Bueno, dije que se rumoreaba, no que fuera oficial —me sonrojé ante aquella miradita que me dedicó—. Continúa —me giré hacia la ventanilla y vi cómo las manchas bicolores iban moviéndose a tanta velocidad, que temí que fuera a marearme.
—Dada la fama del fallecido, las pesquisas comenzaron casi al instante —dijo—. Tiene un sobrino, Johann Cassidy, pero antes de que sospeches de él, estaba en viaje de negocios hacía dos semanas. Tenía que volver dentro de cuatro días, pero creo que regresará hoy avisado por lo ocurrido —medité durante unos instantes y cuando iba a hablar, Sophie se me adelantó—. Quien lo hizo esperó a que hubiera un congreso de científicos, todos los enemigos de Furter estaban presentes, han sido grabados y han tomado declaración.
—¿No tenemos ningún sospechoso?
—No, de ahí la cantidad de información que tenemos —redujo la velocidad y fue cuando me giré para ver la imponente mansión que se alzaba delante de nosotros. Las palabras “casa de locos” y “escenario ideal para una película de terror” se acomodaron entre mis ideas… creo que incluso habían conseguido que los cojines del sofá de mi mente, se deformaran y adoptaran la silueta perfecta de sus culos. El edificio negro era más bien un palacio siniestro, tanto, que incluso aunque había cientos de ventanas de donde salían grandes rayos de luz, estaba completamente oscuro—. Otra de sus modas, en el caso de Furter, su casa es una réplica exacta a la mansión de Batman.
—Están todos locos —murmuré mientras el coche pasaba a través de la verja—. No se les puede ocurrir ponerse de casa el castillo de la Cenicienta, no, tiene que ser la jodida mansión de Batman, en medio de la nada y con… ¿eso son murciélagos terráqueos de verdad? —ya sabes que no me gustan mucho los animales reales y menos los procedentes del Planeta Patria. Son sucios y me dan grima.
—Créeme, llego a ver el castillo de la Cenicienta en medio de este bosque y estaría muerta de miedo —ante aquella frase nos tuvimos que reír más relajados—. Tranquilo, saldrá bien… dudo que este asesino sea más astuto que algunas mafias.
—No, sí me preocupa más todo este secretismo —aparcó en uno de los cientos de caminos y salimos del vehículo.
—Bueno, antes de que se me olvide, puedes pedirle a los robots cualquier dato que necesites, pero procura que no piensen en el caso —pidió llamando a la puerta—. No quieren perder más después de que los otros se quemaran —asentí y cuando alguien en el interior nos abrió, la observé perplejo. Era una belleza pálida, con el pelo y los ojos oscuros, puede que de rasgos delicados y sonrisa dulce, no esperaba encontrármela en un lugar como éste.
—Bienvenidos agente Harper y agente Lauder. Mi nombre oficial es Yoshi Deall y seré su secretaria en este caso —dijo con una voz angelical.
—¿¡Un robot 4udr3y a color!? Pero tu tendrías que tener… —intente decir, pero la mujer me interrumpió sin perder la sonrisa.
—Sólo tengo cinco años como I.A. y por favor, llámeme Yoshi, no me gusta que me llamen por el nombre de mi modelo humano —pidió y yo asentí. Una chica con carácter, como las que me gustan a mí… sí, lo sé, a mí también me pareció extraño que en un robot modelo Audrey Hepburn le hubieran puesto una I.A. tan independiente, sobre todo cuando fue por eso que el modelo anterior fracasó.
—Disculpe a mi compañero, es un retro mitómano —afirmó Sophie pasando al recibidor—. Además de un obseso de los robots con cuerpo de actrices muertas.
—No es solo eso Sophie, la señorita Deall es un modelo creado para tener una I.A. a gusto del cliente y son extremadamente caras… con perdón, señorita Deall, pero por mucho que lo intento, no alcanzo a comprender cómo es posible que esté trabajando para la policía —pedí al instante, ya sabes que estos modelos son muy susceptibles.
—Se lo tengo que agradecer a usted, agente Lauder. Era propiedad de Tony Macnamara —cuando recordé al antiguo capo de la mafia plutoniana, tragué saliva. Aún me la tiene jurada—. Como nadie deseaba comprar una robot respondona y demasiado lista, la policía de Io me contrató para hacer de secretaria —observé los alrededores preocupado. Lo único que había eran los robots de nivel 2 y 3, los un poco de todo. No entendía para qué necesitábamos tantos.
—¿Y mandan a una secretaria? —inquirió Sophie con ese retintín que tenía cuando empezaba a sospechar.
—Hago prácticas para convertirme en robot criminólogo, nos pagan muchísimo mejor y siempre somos necesarios, con perdón, agente Lauder —pidió ella con esa sonrisa tan candorosa, que correspondí a su gesto y me encogí de hombros.
—Los humanos siempre seremos necesarios, sino mire este caso —repliqué y ella se rió con musicalidad… por todos los dioses, cómo adoraba los modelos 4udr3y, casi tanto como a los 1ngr1d B3rgm4n.
—Buena puntería agente Lauder, ¿me permite llamarle Gustad? A fin de cuentas, le debo mu…
—Vamos a ahorrarnos la conversación cliché —pidió mi compañera con buen tono, la entendía, como siguiéramos por ese camino ella empezaría a reírse—. Tuteémonos todos y será más fácil.
—Una gran solución, Sophie, creo que ya sé quién es el cerebro del equipo —sé que no debería hacerme ilusiones, Thomas, pero que una mujer tan guapa coquetee conmigo me reblandece, sea humana, alienígena o robot. Pero como uno debe aguantar el tipo, decidí continuar con el caso… si conseguía resolverlo, decidí que tal vez la invitaría a tomar algo… si te lo preguntas, sí, la invité y aceptó, hemos quedado mañana. Muérete de envidia.
—¿Por qué la casa está vacía?
—Hemos procesado cada elemento y lo hemos cotejado con la lista de objetos que nos dio el sistema de seguridad BUHO —explicó ella volviendo la vista al frente—. No han robado nada y según las grabaciones analizadas, nadie entró ni salió y ningún objeto fue sustraído —entonces llegamos a una gran sala donde había varios prototipos de nivel 2 y 3. Estaba completamente vacía como el resto de la casa… era la escena del crimen más limpia que había visto en mi vida—. Chicos, activad las secuencias —de pronto, los hológrafos de los robots recrearon el cuarto justo el día de la muerte, con sus mesas, sus sofás, su enorme televisión de bioplasma empapada de sangre… por los dioses, aquel hombre vivía en la opulencia, aún ahora, estoy casi seguro de que sus muebles eran de platino. Atravesé las imágenes y llegué hasta el cadáver, estos robots de ahora se superaban día a día, podía oler la sangre.
—Degollado, demasiado farragoso e incriminatorio para ser obra de bandas de ladrones de datos —sentenció Sophie situándose a mi lado—. Yoshi, acércate, tienes que aprender —la mujer, obedeció al instante.
Había un enorme charco de sangre, que debería haber sido aún mayor de no ser porque la alfombra de Casimir blanco la había absorbido en su mayor parte. Entonces vi la primera incongruencia del caso.
—El encargado de reproducir el cuerpo, ¿podría reconstruir la que sería la secuencia del asesinato? —y los tres nos apartamos, pronto el cuerpo del hombre se levantó y revivió ante nuestros ojos. Observé el ángulo en el que se realizó la incisión, entonces decidí hacerle la pregunta—. ¿Desde dónde debería haber estado situado el asesino para producir esta salpicadura? —al instante, otro robot recreó una figura humanoide blanca y bajita. Estaba entre la mesa y el hombre, muy poco espacio para maniobrar.
—Muy arriesgado —afirmó Sophie—. Para haberse acercado tanto, debería ser alguien conocido —me acerqué y comprobé la altura con la mía. Le sacaba prácticamente dos cabezas y mi ayudante una, pero en cambio…
—Yoshi, ¿podrías ponerte a su lado? —asintió y se colocó al lado de la figura blanca—. O ha sido una mujer de Venus o una enana. Está mujer mide un poco más que tú.
—¿Eso qué significa? —inquirió la I.A.
—Tiene una altura muy baja para los estandares actuales de tamaño de los terrícolas —entonces se me ocurrió una idea.
—¿El hombre tenía robots? De modelos de actrices antiguas y con una I.A.—. En cuanto dije eso, uno de los robots comenzó a chisporrotear y la televisión desapareció.
—Era un miembro del Norman Cornwell Society —explicó la secretaria y yo farfullé molesto. Era un intolerante con respecto a la inteligencia, seguramente no tendría nada que pudiera pensar por sí mismo y no fuera humano.
—Y en el registro de objetos sustraídos no decían nada de eso —afirmó Sophie, ya que alguien de la N.C.S. tomaría a un robot o a cualquier otro ser similar como un objeto. En un instante, volvió a aparecer la televisión. Era el problema de usar los prototipos de nivel 2 y 3, a la mínima que llegaban a un absurdo estallaban… Bueno, en aquel caso debo reconocer que solo se le habían fundido los circuitos.
—Bien, comprobemos la teoría de que haya podido ser alguien conocido —dije a mis ayudantes—. Que el robot encargado del asesino describa todos los posibles caminos que usó para poder acercarse a la víctima sin ser vista ni detectada por el sistema de vigilancia —al instante, vi como la forma blanca desaparecía y reaparecía en la puerta: ese fue el lugar por el que vino el asesino—. Que siga la secuencia hasta llegar hasta detrás del profesor, presuponiendo los muebles sólidos. —Entonces la silueta empezó a caminar… pero el camino que recorría era enorme. Tenía que rodear una mesa de comedor y en un momento, una de las sillas y uno de los armarios llegaban a dificultar el paso, avanzar a través de estos iba ser complicado… pero no hizo ruido y suspiré exasperado, malditos robots. Acabé de ver la secuencia en la cual el asesino acababa detrás de su víctima, tal y como se veía, podía pasar hasta cierto punto de forma indetectable. —Yoshi, ¿has memorizado la secuencia? —al ver su asentimiento, le expliqué qué deseaba que hiciera— Entonces sigue el mismo camino. Ahora, robots, reproducid también el ruido que harían los muebles al ser tocados y/o movidos, es decir, fingid un comportamiento sólido en todas sus variantes.
—El sobrino no ha sido —me recordó mi ayudante—. Pero tienes razón, debe haber alguien más que conociera al científico que pudiera hacer esto —en cuanto la I.A. dio un paso, el suelo crujió de forma llamativa. Siguió por el camino y cuando al fin llegó a su destino, había hecho más estruendo que un elefante al entrar en una discoteca.
—Pues si alguien ha podido pasar sin hacer ruido y con esa altura, debe ser muy ligero —atajó Yoshi y tuve que darle la razón ya que estaba hecha con plásticos muy livianos. Era imposible que nadie pudiera pasar desapercibido… entonces un robot entró haciendo el mismo ruido por aquellas tablas sueltas y pasó a través de todo el escenario hasta la mujer.
—Agente Deall, casi hemos acabado con el sótano, ¿desea ir a ver nuestros progresos? —preguntó el mecanismo y ante aquello, los dos únicos humanos presentes la observamos expectantes, ¿qué había ordenado que hicieran?
—Sí, iré con los Agentes Harper y Lauder —dijo—. Descansad chicos, creo que de aquí no sacaremos nada más en claro.
—¿Eso no debería determinarlo yo? —inquirí rascándome la cabeza. Si cuando era una estudiante mandaba así, cuando fuera una agente en pleno derecho sería un sargento militar. Y sin ni siquiera esperarnos, comenzó a caminar, por lo que decidimos seguirla mientras los demás prototipos dejaban de simular el cuarto.
—Verás Gustad, sé que no debería haber hecho nada mientras os esperaba —empezó a decir ella con una sonrisilla de disculpa—. Pero como me aburría, estuve ojeando los planos de la mansión.
—Lo normal es que no hubieras encontrado nada —afirmó Sophie con un gesto de añoranza tras el que yo no pude evitar reírme al oír aquella frase tan familiar. En su primer caso había hecho exactamente lo mismo, ¿lo recuerdas? Aunque falló en la localización, gracias a ella encontramos la habitación donde tenían el alijo de pucape.
—Lo sé, pero por eso hice que los de nivel tres observaran algunas zonas con su visión de rayos x —terció la humanoide.
—¿Y encontró las cañerías y los cables de la luz, biotelevisión y telecomunicaciones? —insistí esquivando a uno de esos robots que iban corriendo de un lado a otro atropellando a todo lo que se le ponía por delante.
—Esa es la cuestión, en una de las paredes del sótano no fui capaz de ver nada —al principio no quise darle importancia, hasta que me di cuenta de que en verdad sí era algo a tener en cuenta—. Pedí que quitaran esa pared de en medio si no era parte de los cimientos de la casa.
—¿Y cuánto tiempo llevan haciéndolo? —pregunté al tiempo que me encendía otro cigarrillo… sí, vale, las autoridades sanitarias dicen que lo sano es tomarse diecisiete al día para respirar algo de aire puro, pero no me veo capaz de fumarme tantos.
—Dos horas. Sea lo que sea debía ser muy importante para el muerto.
—Puede que incluso fuera eso por lo que lo mataran —afirmó Sophie y asentí para darle la razón.
La parte más baja del edificio era como toda la casa: estaba vacío, limpio y lleno de robots. Nada interesante, a excepción de los enormes bloques de metal derretido que se apilaban a los lados para dejar ver a través de una abertura, una enorme cantidad de maquinas a pleno funcionamiento. Los prototipos nos dejaron pasar y por poco no se me cae el pitillo. Era impresionante, aquello no era un pequeño cuartucho para llevar a cabo algo ilegal, si no un laboratorio en toda regla y por lo poco que alcanzaban mis conocimientos y al ver los órganos que flotaban en los líquidos suspensorios, debía dedicarse a la clonación biogenética.
—La madre que… —empecé a decir de todo corazón— estamos en la jodida batcueva, ese tío era un pirado en toda regla.
—Como mínimo, esto ya raya la locura megalómana retro antigua —afirmó mi compañera entrando—. ¿Pero de quién son todos estos órganos y para qué sirve eso de ahí? —cuando señaló a una enorme cabina de suspensión, supe inmediatamente que no tenía ni la más ligera idea de para qué quería alguien algo tan grande. Yoshi, mucho más avispada y con una facilidad aún mayor que la nuestra para contener su perplejidad, se acercó hasta uno de los paneles y con una velocidad sobrehumana, comenzó a teclear en ellos. Mientras que yo sentía la mosca detrás de la oreja, clara señal de que se me estaba escapando algo realmente importante… ¿pero el qué? Y sin poderlo evitar, me pregunté si mantener todo aquello no costaba mucha energía.
—Lo único que hay, es que la genética de los órganos corresponde a la sangre de Johann Cassidy, el sobrino del doctor Furter —sentenció alejándose—. Algo normal, ya que según se afirma, tiene muchos problemas de salud y es lógico que su tío haya invertido tanto dinero en cuidarle. Hay un listado de las operaciones, pero a parte de eso, no hay nada.
—¿Nada de nada? —al ver su respuesta, supe cuál era el siguiente paso—. Que cada robot coja un panel y rastree en busca de cualquier dato, hasta que estéis seguros a un cien por cien de que no hay nada, que nadie pare —mientras que todos se ponían manos a la obra de forma diligente, Yoshi se acercó a mí.
—¿Para qué va a servir esto?
—Todos saben, que si borras todas las huellas, los polis seguiremos buscando, porque algo has escondido que no deseas saber —sentencié dando una buena calada al cigarrillo.
—Fue el protocolo que se instauró después del caso de Josué García —le explicó Sophie entendiendo mi preocupación—. Había dejado huellas para al menos ser sentenciado a dos años por delitos menores. Todos dejamos de buscar hasta que un becario afirmó que había encontrado algo.
—Había cometido delitos como para poder ser encerrado durante diecisiete reencarnaciones —acabé—. Pero fue muy listo y dejó las suficientes huellas como para que nadie buscara —al ver su expresión, supe que no tenía ni la más remota idea de a dónde deseaba llegar.
—Lo que intenta decir Gustad —empezó mi compañera de nuevo—, es que cualquier persona que desee borrar un rastro, deja una huella y desvía a la gente hacía otro lado. Si en cambio borras todos tus pasos y pretendes fingir que no has dejado algo que seguir, es que de verdad estás ocultando algo.
—Señor —bajé la mirada al ver al robot que me llamaba agarrándome con una de sus manos—, los diez prototipos no hemos encontrado nada.
—¿Habéis encontrado alguna palanca o…?
—No, quien haya entrado en el sistema informático sabía las claves y no como nosotros —sentenció el pequeño ser de metal—. ¿Quiere que…?
—No, dejadlo e id a descansar —pedí—. Buen trabajo —al oírme, los robots se fueron más alegres… ya sabes, por mucho que digan que no tengan inteligencia, no significa que no hayan desarrollado alguna clase de sentimiento de orgullo.
—Bien, recapitulemos —pidió Sophie—: tenemos a un científico asesinado, que ha sido degollado con un cuchillo. La escena demuestra que…
—Mierda —dije de pronto, recordando algo que se me había olvidado—, deberíamos haber pedido a los robots las cuentas de este hombre y los consumos de luz —y al instante, la humanoide sacó de entre sus notas todo lo que había pedido—. Gracias Yoshi, eres realmente eficiente.
—Estoy aprendiendo a serlo, Gustad —afirmó ella y supe que le había gustado el cumplido. Revisé todo lo que tenía entre manos, primero las cuentas corrientes que no me sugirieron nada… pero la luz en cambio fue otro cantar. Como había supuesto, todo esto llevaba al sistema a rozar los límites permitidos por la compañía. Entonces mis ojos se toparon con algo importante y un tanto “insignificante” dado su tamaño. Acerqué la vista tanto como pude y comprobé como en dos ocasiones se había sobrepasado… pero el consumo no había caído, sino que se había vuelto a estabilizar, por lo tanto alguien había mantenido el sistema con su energía: un robot muy potente. ¿Pero como era posible? Según la lista de objetos, no había ningún robot ni nada que se le pareciera y siendo un hombre de la N.C.S. no podía tener un robot con I.A. … ¿o tal vez sí? ¿Y si no era propiedad de Furter si no de su sobrino, Johann Cassidy?
—Mirad —pedí alejándome y señalando los dos picos—. ¿A qué días se corresponden?
—Éste es de hace… dos años y medio por lo que pone aquí y éste, de hace dos semanas y tres días —sentenció Sophie—. El último coincide casi con la marcha de Johann Cassidy a esos negocios de Furter.
—Y el primero con las únicas apariciones de Johann en el panorama científico —afirmó la I.A. pensativa—. ¿Pero qué tiene que ver?
—Puede que tenga que ver y puede que sólo sea una casualidad… lo que está claro, es que Furter lleva haciendo algo extraño desde hace años y por mucho que lo intente ocultar, debía tener a un robot ayudándole —todos nos quedamos en silencio, oyendo el burbujear de los líquidos, hasta que a Sophie se le ocurrió algo.
—¿Qué opinan los colegas de Furter sobre su sobrino?
—Para empezar, no pertenece a N.C.S. sino que es miembro activo del Frente de Liberación Mental —terció Yoshi.
—Es decir, era exactamente el opuesto a su tío —aventuré con un suspiro.
—En todos los aspectos, incluso sus colegas le apreciaban… hay quien afirma que el descubrimiento de los últimos cinco dígitos fue obra suya y no de su tío.
—¿Y quién dice algo así? —continué.
—Los hombres que descubrieron dos de los cinco números antes que Furter —explicó la humanoide—. Afirmaban que era mentira que le odiaran por quitarles tan jugoso sueldo, si no por su mente tan fundamentalista para ser un científico.
—No me extraña que los robots estallaran —afirmé masajeándome los ojos desesperado—. Esto se complica cada vez más.
—Intentemos arrojar algo de luz a este caos —pidió Sophie—. Tenemos un científico que es muy probable que trabajara para el gobierno asesinado, que fue degollado por alguien que conocía.
—Pero cualquier humano implicado tiene una coartada sólida —terció Yoshi.
—Creo que el laboratorio no tiene nada que ver con el caso… —continuó mi compañera.
—Pero que no haya ninguna información sobre cualquier descubrimiento de Furter, ni siquiera el de los números de PI, demuestra que alguien los borró —recapituló la secretaria.
—Dijiste que tenía un sistema de seguridad, ¿verdad? —pregunté a la robot y ella asintió— entonces llévanos ante él, sólo tenemos que hacerle una pregunta.
Nos guió a través de la casa hasta encontrarnos con la sala de monitores y allí estaba el vigilante, el sistema BUHO. Éste debía ser muy sofisticado, a mí me pareció un enorme palo con dos ojos ambarinos observándolo todo, ni siquiera tenía boca, ¿te lo puedes creer? Me pregunto cómo narices hablaba si no podía articular ni una sola palabra.
—Agente Lauder, le esperaba hace un rato —dijo con una voz nasal y seria, aunque no parecía reprocharme la tardanza—. Creía que deseaban hacerme alguna pregunta sobre el asesinato de mi jefe.
—¿Viste salir o entrar a alguien en los días anteriores o posteriores? —pregunté sin saludarle, aunque ya sabía la respuesta.
—No.
—¿Tienes por obligación ignorar a algún habitante de la casa y no grabarle? —insistí y ante aquello, dudó—. Las leyes exigen que no guardes el secreto de privacidad si te lo pide un agente autorizado —entonces vi a las máquinas pululando por allí y no pude evitarlo—. Fuera y no grabéis ni escuchéis nada de ésta charla —al momento todos se pusieron en marcha y nos dejaron solos.
—No deseo que se metan en ningún lío, a mi jefe no le habría gustado.
—¿De quiénes estás hablando? —exigió Yoshi y al instante, dos imágenes holográficas exactas en tamaño nos observaron sin interés.
—Ella es Hilda y él, Krull, son los amigos de mi jefe —explicó el robot. Miré fascinado a ambos. Ella era un robot 1ngr1d B3rgm4n y él un primate genéticamente evolucionado, un gorila para ser más exactos—. Hace cinco días se marcharon y no les volví a ver.
—No grabas el interior de la casa —sentencié perplejo. ¿Qué hacía un miembro de la N.C.S. con un modelo de robot que fracasó por su I.A. evolucionada y con un gorila genéticamente manipulado, que demostraba por sus delicadas manos que parecía más que capaz de hacer algo inteligente, que iba más allá que eso de aporrear rocas entre sí?
—Al jefe no le gusta que haga algo así, lo siento.
—¿Mando ya una orden de detención contra alguno de ellos? —preguntó Yoshi, pero yo aún necesitaba saber una cosa.
—Perdona BUHO, ¿podrías hacer que ambos hologramas levanten la mano y compararlas? —el equipo obedeció y para mí desesperación, ambas coincidían—. Maldita sea, tendremos que detener a los dos —y mientras la mujer mandaba el mensaje, yo no pude evitar lamentarme.
—Los del Frente de Liberación Mental van a querer nuestros culos servidos en bandeja de plata —farfulló Sophie dejando sus buenos modales de lado, pero tenía razón, ahora mismo estábamos completamente cubiertos de mierda hasta el cuello.
—¿Los hologramas son tal y como los veías salir? —pregunté.
—Sí, así es —terció el sistema y yo rumié.
—¿Qué importa eso ahora? —insistió mi compañera.
—Están muy cuidados. Habría que verlos en persona pero te apuesto a que su aspecto no varía e incluso el gorila tiene el pelo brillante.
—Eso significa…
—Exactamente Sophie, que este tío era una persona con doble personalidad o un loco, porque sino, no me explico cómo es posible que tenga dos seres que parecen más que capaces de razonar.
—El jefe los trataba como oro en paño si es eso lo que se preguntan —terció el ser y aquello sólo daba más peso a nuestras sospechas.
—Les han localizado, llevan parados varias horas a causa de un retraso en los teleportadores hacia el Planeta Patria —explicó Yoshi tirando de nosotros—. He dado orden de que les detengan, sólo falta tomarles declaración y listo, ya tendremos a nuestros culpables.
—Nosotros, la opinión pública nos va a comer vivos —se quejó Sophie.
—Un momento, BUHO, ¿quién es tu jefe?
—Johann Cassidy y Frank N. Furter —murmuró y entonces ya si que no supe que más debí preguntarle, así que dejé que mis compañeras me llevaran a donde desearan.
Mientras las dos mujeres hablaban en el camino de ida a la comisaría, yo permanecía sumido en mis pensamientos. Dudaba de todo aquel caso: ¿y si todo sí tenía que ver y estaba conectado? Y si fuera así, ¿de qué forma encajaban las piezas? ¿Y por qué alguien que odiaba a cualquier cosa que pensara no humana, tenía dos seres tan evolucionados…? ¿Eran evolucionados de verdad? ¿O había toqueteado en sus mentes para hacerlos más retrasados y reírse así de ellos?
—Parece que son idiotas, después de conseguir escaparse intentaban coger un teleporte ellos solos hasta el planeta patria —aquel fue el único retazo de conversación que entró a mí mente y entonces me di cuenta de una cosa: era una trampa, era una jodida trampa. El verdadero asesino de Furter sabía que aquel que pringara con el caso no pondría un gran castigo a las criaturas, sino que se librarían con mayor facilidad que él… en aquel momento les maldije. Pero aún quedaba una posibilidad de que ellos fueran los verdaderos asesinos de Furter, sólo debía interrogarles y fijarme en qué fallaba de todo aque…
Me interrumpí al instante al darme cuenta de que los alrededores del sobrio edificio cuadrado y con grandes ventanales, estaban completamente copados de manifestantes del Frente de Liberación de Mentes. Malditos buitres, debían haber interceptado las ondas de la policía e intentaban intimidarme… y encima lo estaban consiguiendo. Un contingente de agentes nos ayudó a entrar e incluso dentro, siguieron haciéndonos pasillos mientras la gente gritaba que debía hacerse verdadera justicia, que el verdadero criminal era el científico.
Hasta que no me encontré en un pasadizo oscuro, iluminado por dos cristales que daban a dos anodinas habitaciones blancas, no me di cuenta de que al fin nos habían dejado respirar. A un lado, pude ver al gorila Krull, que aunque había intentado disimularlo con barro, arrancándose pelo e incluso rompiéndose las ropas, se le veía muy lozano como para haber sufrido un infierno a manos de Furter. Y Hilda, ah… no puedo negar que me quede embelesado mirándola, era tan hermosa y aunque ella lo intentara disimular, se veía a diez kilómetros de distancia que estaba en más que perfectas condiciones. La vi llevarse a la boca uno de esos pitillos antiguos y contaminantes que les sirven de motor a esos seres de maquinaria maravillosa y la observé atentamente mientras intentaba encenderlo durante varios intentos. ¿Estaba haciendo un procedimiento de ensayo y error? ¿No eran mis ojos que me engañaban? Ni las I.A.s más actualizadas eran capaces de no rendirse ante un primer intento fallido, ¿cómo era posible que un modelo que fue retirado pudiera hacerlo? Alguien la manipuló… ¿puede que hasta el punto de que no pudiera obedecer las leyes de la robótica? No era posible que nadie hubiera conseguido algo así, era prácticamente imposible… pero dudaba que Furter no fuera capaz o puede que incluso Johann Cassidy lo hiciera.
—¿Puedo interrogarla? —pregunté a uno de los agentes en la penumbra.
—Adelante, pero será prácticamente imposible que le diga nada —sentenció—. Debe estar estropeada, no hace más que repetir con una voz extraña que mató a su dueño —no, cualquiera que conociera ese modelo sabía que por mucho que trastearan con su mente, no podían considerar a nadie su dueño… y mucho menos cuando éste parecía haberla manipulado para volverla más inteligente. Era como si Furter o quien fuera deseara hacerla tan parecida a una persona. Me miré unos instantes en el espejo, que me devolvió un aspecto más cansado y ojeroso de lo habitual y no era de extrañar. Tal vez con este testimonio al fin pudiera saber que era lo que había pasado en verdad.
Entré con calma en el lugar y al ver que seguía intentando encender el cigarro, no estaba muy seguro de si en verdad me confundía y estaba completamente rota, sólo me senté y le encendí su tabaco con mi mechero.
—Gracias —murmuró con una voz que se asemejaba a una cinta retro antigua cuando se pillaba. Decidí que era el momento perfecto para una encerrona.
—Sabe señorita, debería dejar de mentir con respecto a su voz —por entre mi memoria, busqué algo que pudiera servirme y lo encontré—. Si sigue fingiendo que lo primero que se la estropeado es la capacidad de generar sonidos, ya que es una función tan sumamente básica y que demuestra grandes daños en los procesadores, será reciclada y créame, es algo que ninguno de los dos deseamos —la vi mirarme perpleja y la observé fingiendo indiferencia, aunque sentía exactamente lo mismo. Era tan humana que casi podía decirse que daba miedo, pero de cerca se veía que no estaba destrozada, que apenas había sufrido daños en los últimos días… Sólo fingía.
—En fin, pensé que así sería más fácil que se apiadara de mí —sentenció ella dándole una calada a su pitillo, con su voz un tanto grave, pero bien cuidada—. Como comprenderá, no sé quién es mi juez, tengo que intentar causar la mejor impresión y apenar a cualquiera que deseara escucharme.
—No es mala estrategia, pero aún no tenemos pruebas de que usted sea la asesina de Furter —volví a decidir que debía jugármela, algo me decía que entre el gorila y ella existía una relación de profunda lealtad. Había que arrinconarles hasta descubrir quien era de verdad el que mentía.
—Tampoco de todo lo contrario, cualquier cosa que encuentren, solo será considerado circunstancial —explicó ella con una sonrisa astuta. Debían llevar mucho tiempo planeando algo como aquello—. Si intentan descubrir restos de pelo en la ropa de Furter, los encontraran, Krull era propenso a perderlos —cuando oí el nombre del científico y nada de su dueño y similares, decidí seguir por ese camino.
—¿Cómo consideraría su relación con Krull?
—Maravillosa, es un ser gentil y más evolucionado que algunos humanos —sentenció ella golpeando con su dedo en el cigarro—. Un virtuoso de cualquier instrumento, si me permite la observación.
—¿Y por qué un hombre como Furter, miembro de la N.C.S., tiene una mujer tan inteligente como usted y a un simio virtuoso? —dudó o al menos eso creí, debía intentar recordar algo o estaba fingiendo para darle más dramatismo a su actuación.
—Créame cuando le digo, que Furter era un hombre cruel y sin corazón, que no dudaba ni un momento en hacer de nuestra vida un infierno —dijo ella aplastando la colilla contra el suelo—. Era tan capaz de pisotearnos como yo hago con esta colilla. Le gustaba torturarnos porque en muchos aspectos, éramos muy superiores a él y eso lo odiaba.
—¿Y de Johann Cassidy? ¿Qué opina del sobrino de Furter?
—Es exactamente el opuesto de su tío —sentenció la mujer sacando otro pitillo—. Delante de él fingía ignorarnos y a sus espaldas nos cuidaba. Es por eso por lo que estamos tan bien físicamente, porque él se encargaba de repararnos —en ningún instante había dudado, estaba diciendo la verdad.
—¿Cómo mató a Furter? —pregunté arriesgándome. Algo me decía y las pruebas me darían la razón, que uno de los dos estuvo observando, por lo que decidí que por preguntar algo así no sacaría nada en claro. Pero como ya dije, tenía que arriesgarme a sacarles algo, aunque me sintiera más atrapado que ellos.
—Me coloqué detrás de él, ni se dio la vuelta por el ruido ya que sabía que era yo. Levanté la mano y le degollé, algo muy limpio si me permite la ironía —sacó otro cigarrillo y con un movimiento, se lo colocó entre sus labios—. ¿Alguna cosa más agente?
—¿Por qué, si sabe que no hay pruebas, carga con la culpa? —pregunté volviéndole a encender el pitillo y entregándole el mechero.
—Eso creo que sabrá averiguarlo por usted mismo, agente —dijo ella con una sonrisa a modo de despedida y me levanté, con más dudas que antes aun si cabe. Fuera me esperaban Yoshi y Sophie, mirándome con caras tan confusas como debía ser la mía. Así que decidí saber qué era lo que ellas habían sacado de todo aquel teatro. Me sentía como un actor fracasado después de haberme enfrentado… a la mismísima Ingrid Bergman.
—Es demasiado lista, apenas ha dado datos y coincide exactamente con el testimonio que ha dado el gorila —replicó la humanoide.
—Puede que en algún momento alguno falle y se venga abajo todo… —explicó mi compañera. Negué con la cabeza y decidí que era el momento de tomarse un descanso.
—Si hay algún cambio, comunicádmelo —pedí sin muchas esperanzas—. Pero así lo único que conseguirán será librarse de su castigo.
—¡No puedes dejarles Gustad! —exclamó mi amiga desesperada—. ¡Si no pueden retirarnos la licencia!
—Lo sé, haga lo que haga, estamos completamente jodidos —sentencie alejándome de allí—. Ya os diré algo mañana, no os preocupéis.
Pero era normal mi abatimiento, no sabía qué hacer. Había pensado obligarles a enfrentarse a trabajos forzados a los dos, un castigo un tanto simbólico y que dejaría a las asociaciones contentas, fueran del bando que fueran. Además, eso evitaría que quedaran sin recibir lo suyo... pero yo no era feliz, no había podido resolver el caso y aquello sí que me destrozaba. Sería la primera vez.
¿Qué debía hacer? Parecía que Furter merecía que no tuviera justicia, pero yo necesitaba creer en las leyes y saber que hice lo que pude. Suspiré, sabía que tenía que llamar a Cassidy. Yoshi me había mandado vía chip el testamento de su tío y afirmaba que iba a heredarlo todo.
¿No era extraño? Ambos hombres poseían el mismo nombre y no se parecían en nada, eran como el doctor Jeckling y Mr. Hyde pero sin compartir un mismo cuerpo, sólo tenían en común que poseían una mente fuera de lo normal.
Entonces un picor en la nuca me hizo meditar sobre aquello, ¿una mente similar? Bueno, aquella obra retro antigua demostraba que la gente tenía dos caras… ¿por qué no podía ser algo más físico y literal? Algo me replicó afirmando que eso era imposible, una mente no podía volar de un lado a otro, y mucho menos si se trataban de cuerpos que habían demostrado tener parecido genético pero no ser un clon… a menos qué… me volví corriendo y sin ninguna educación, entré en la habitación donde interrogaban a Krull. Tenía manos finas, eso implicaba que a diferencia de un robot de manos metálicas, sería capaz de hacer algo delicado y que necesitara mucha sutileza, como ayudar a su jefe a trabajar en el laboratorio. Hilda lo había reconocido, ambos eran superiores en muchos aspectos a Furter, eso implicaba que él debía depender de ellos para algo y una posibilidad era mi disparatada teoría.
—Sólo tengo una pregunta que hacerle señor Krull —me presenté oyendo detrás a los demás instándome a marcharme.
—¿No desea interrogarme sobre el asesinato? —preguntó el con una voz un tanto rasposa, algo que no concordaba con alguien como él.
—¿Furter era tan genial como se afirmaba o por el contrario Cassidy era el cerebro de la familia? —le ignoré abiertamente.
—Eran un equipo perfecto… o lo habrían sido si no se pelearan siempre —replicó el simio alargando su mano. Le tendí un pitillo que tuvo que encenderle otro oficial al haberle dado mi mechero a la humanoide. Me gustó su respuesta, estaba dándome hasta un punto la razón.
—¿Con quién trabajaba en el laboratorio?
—Con Cassidy —sentenció el otro.
—Gracias señor Krull, acaba de delatar al verdadero asesino —afirmé yo con una gran sonrisa y salí de allí, seguido de cerca con Yoshi y Sophie.
—¿De qué estás hablando? Si no tenemos nada —sentenció mi compañera.
—Esa es la cuestión, todo es un caso incongruente —la secundó la robot.
—Es por eso que ésta es la única posibilidad —cogí mi teléfono y fue cuando pedí el número de Cassidy, al instante lo oí saludarme desde la otra línea—. Señor Cassidy, tenemos que hablar sobre el testamento de su tío, ¿sería posible que nos viéramos en algún lugar privado?
—Hay una vieja gasolinera abandonada en las afueras— afirmó el otro con una voz neutra, un tanto nasal. Aquello me sonaba a una reunión de las películas de gansters, mejor para mí—. ¿Llevará con usted a Hilda y a Krull?
—De eso vamos a hablar ahora mismo, no se preocupe —dije y permanecí en silencio, sin responder a las peticiones de mis compañeras de información. Nada tenía sentido y era mejor destapar mis cartas con Johann delante, puede que así pudiera resolver el caso.
El lugar era una vieja plancha oxidada que flotaba en medio del espacio aéreo de Ío. Allí estaba un hombre joven que era casi igual que Furter, salvo porque el quitarse unos años de encima le ayudaba mucho. Le tendí una mano y le saludé, él me devolvió una sonrisa confiada.
—Buenas noches tenga señor Cassidy ¿me permite llamarle Furter? —cuando oyó su antiguo nombre me miró perplejo y las dos mujeres exclamaron sorprendidas—. Espero que no le importe todo este teatro, pero siempre he tenido la ilusión de tener una escena de salón como en las películas retro antiguas.
—Creo que se confunde, yo no soy…
—Claro que es usted Furter, la única persona lo suficientemente lista como para pasar su mente de un cuerpo a otro —sentencié—. Dígame, ¿buscaba la eterna juventud o simplemente huir de todo?
—No tiene pruebas de algo tan descabellado —afirmó él sin darle importancia.
—Sí, es disparatado e inverosímil, pero es lo único que tiene sentido —repliqué con una gran sonrisa—. Todo encaja, las subidas de tensión que debían causar apagones las dos únicas veces que se le ha visto en público; su misteriosa marcha… es usted, Franck N. Furter, su propio asesino —antes de que me fuera a negar, yo continué—. ¿Para qué deseaba esconder un laboratorio de clonación biogenética? Y más ocultando órganos de un sobrino con el que siempre se pelea y al que todo el mundo quiere de verdad. Si no, también puede intentar explicarme cómo es posible, sin la ayuda de un robot tan poderoso como Hilda que le permitiera mantener la tensión para qué no hubiera apagones. Ella odia a Furter, no a Cassidy, y fue él quien le hizo incluso más humana. Podría seguir hablando de las casualidades que hacen que el puzzle se mantenga unido con fuerza…
—Como bien ha dicho, casualidades —sentenció el otro alzando una ceja, pero yo estaba emocionado.
—Pero no hace falta, he resuelto el caso, le he descubierto Furter y aunque no puedo detenerle por su propio asesinato, cometido por uno de sus dos mejores amigos, al menos me queda el alivio de saber que no he dejado a un asesino libre y sobre todo, que he vencido a un genio en su propio terreno.
—Buenas noches, señor Gustad —dijo él tendiéndome la mano—. Descanse bien, su imaginación le está jugando malas pasadas —pero fue su sonrisa y ese apretón que recibí después lo que me demostraron que tenía razón. Daba igual lo que intentara ocultar con sus palabras, él mismo se había delatado… seguramente para hacerme feliz y dejar a mi pobre conciencia tranquila.
Y es así como resolví el caso, podría decirte cientos de cosas, como los discursos que di a las masas y lo maravilloso que fue ver que mi cuenta estaba llena de dinero (algo creo que aportado por Cassidy). Te contaría tantas cosas… pero sé que ahora mismo, tú no eres Thomas, si no algún censor de los gobiernos, que deben estar salvaguardando la nueva identidad de Furter por su seguridad. Es por eso por lo que no rellené la ficha oficial, esperaba que me ahorraras el trabajo y yo pudiera pasármelo bien contándote mis batallitas. Me da igual que simplemente quede un informe vacío y sin emoción, sé que posiblemente lo habrás disfrutado. Sólo deseaba pedirte un favor: te lo ruego, no quites la parte en la que Yoshi me dijo que sí para salir, tengo que darle envidia a mi amigo. Muchas gracias por leerme y por tu labor, espero que te haya sido divertida.
Firmado
Gustad Lauder
Agente nº 3469476 del Plantea Patria
Sede de Mercurio. |