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I
En este antro secreto y silencioso,
cual fugaz escondite de mis sueños,
te presiento, y mi corazón aún dormido
te reclama con prisa: “soy tu dueño”.
Eres esclava de un amor perdido
ya en la distancia y en mis años tiernos.
Fuiste pasión, ternura y sin sentido,
temblor, locura, odio, un infierno.
II
Olas de viento, que en tu aliento
me pasan y quedan
a la espera de un dulce
mordisco de mi boca fría.
Aires, que de nuevo en la tarde
se aventuran a mi encuentro
deseado y tenue quizás,
como en el primer día.
Con tu ímpetu fugaz y tardío,
mis sentidos se acaloran,
y mis ansias por tenerte aumentan
hasta límites infinitos y te beso.
III
¿Por qué mi radar te busca incesante
por el amplio monte de la vida?
¿Cuáles son tus coordenadas y
tu código secreto tan oculto?
Te recorro por lugares perdidos y
recónditos parajes desolados.
Y no te hallo. Tu sombra
es esquiva y huidiza.
Y tu perfil siniestro y misterioso.
¡¡Aparece!! Y asómate a mi
pozo profundo y caliente.
IV
Los martes y los jueves te veré
en la plaza del pueblo a mediodía,
y al tener tu cara junto a la mía,
tus cálidos labios te besaré.
Y te digo, te quiero, y te amaré,
y te muestro el amor que yo escondía,
y tú serás mujer, la amada mía,
que algún día en brazos te llevaré.
Despertarás mi amor cada mañana
asomada a la luz de mi ventana,
abierta para ti eternamente.
Y olerás el perfume de mi cuerpo
y el agua de las lluvias de este invierno
que oiremos sentados bajo el puente. |