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DICTADURA
La palidez llenó su rostro y un escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando el frío del metal se posó en su entrecejo.
Un sudor helado invadió su frente cuando un dedo accionó el percutor hacia atrás.
Un dolor insoportable crispó sus sienes cuando otro dedo accionó el gatillo.
Finalmente su mente recordó toda su vida en milésimas mientras todo su cuerpo se estremecía al recibir aquella bala en el cerebro.
Su cuerpo quedó inerte con las manos crispadas en la silla a la cual estaba atado y una voz dijo:
—Señor, el poeta ha muerto. |