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OLORES
¡Sebastián! ¡Sebastián!
¡Apúrate por el amor de Dios! ¿Es que acaso debo estar en todo? ¡Margarita!
¡Oh, por Dios, es insoportable! ¿Es que acaso no lo perciben? ¿No os he dicho que la casa debe ser permanentemente supervisada?
¡Traed, unas flores de Jazmín! ¡Aquí poned unas rosas! ¡Rocead Lavanda en esta habitación! ¡Apurad por el amor a Dios! ¡Mis sales! Los sirvientes de la casa corren presurosos a cumplir las ordenes del señor, algunos liberan el aroma contenido en los jardines, otros rocían los pisos con líquidos multicolores que esparcen aromas de montaña, otros encienden inciensos; Lentamente la mansión se va llenando de olores bellos, aromas jamás sentidos; la suave brisa que corre por sus ventanales esparce por todos los ambientes, olores agradables, sencillamente deliciosos, excepto...
¡Encended los sensores, rápido, rápido! Todavía puedo percibirlo, apurad con mi agua colonia. ¡Sofía! ¡Sofía!
La joven presurosa recorre los pasillos de la casa, a toda prisa, jadeante llega junto a su amo, su cuerpo emite una mezcla de olores, sudor juvenil, excitación, exaltación, vida... A su amo le gusta tenerla cerca cuando se levanta en las mañanas y se encuentra con los olores conocidos y con ese olor tan particular, chocante y odioso que emana de su habitación.
Él, ha colocado sensores olfativos por toda la casa, con el fin de encontrar el origen de ese olor, sin embargo, sus intentos han sido del todo vanos, el olor persiste, se encuentra veinticuatro horas al día, persistente, inmutable.
Los sirvientes de la casa, han sido cuidadosamente seleccionados por sus olores; Sebastián huele a fragancias del campo, eso le hace recordar al señor sus estancias del sur; Margarita, ella trae olores a cocina, y el amo es un adicto a la buena mesa; Sofía, sus olores le recuerdan al señor, sus días de juventud. Así cada uno de los sirvientes, el chofer, huele a grasa y aceite, lo que le recuerda su posición en la sociedad, es uno de los diez señores que controlan la ciudad y hasta parte de la nación. Su abogado y su contador, traen olor a tinta y papel, y eso lo hace recordar su poder y así sucesivamente; todos tienen un olor distintivo, todos le recuerdan algo, todos son jóvenes y tienen algo en común ¡Vida!
Afirmo sin temor a equivocarme, que cada uno de ellos lo daría todo por el Amo, todos tienen su historia particular con él; por ejemplo Sebastián, fue rescatado de un Amo cruel y déspota, que abusaba de su condición humilde, de su origen campestre. El siempre fue sensible a los olores, sin embargo, esa situación se fue agravando a medida que fueron transcurriendo los años. De joven aprendió a reconocer el olor del trabajo fuerte y el sacrificio, el olor de la lujuria, bellas mujeres y mucho alcohol; ya en edad madura supo ver las diferencias entre sus olores cotidianos y los de los grandes señores de la ciudad, sus mujeres olían a jazmines recién cortados, sus criados a rosas, y ellos los amos de todo, a poder.
Se podría decir que sus metas en la vida, las fueron determinando sus conocimientos, o discernimiento de los olores, de la vida. Así abandonó de muy joven su casa, por que no soportaba los olores del hacinamiento, la leche materna, levadura, alcohol barato, sexo desprejuiciado, pobreza, frustración...
Su primer amor emanaba un olor que el no pudo resistir, y a pesar de las palizas que le propinaron los hermanos y los padres de su amada, consiguió apoderarse de él, ese olor a... ¿Conque palabras se puede describir?, ¿Cómo explicar el olor del sexo naciente, el aroma de la inocencia, el de la belleza floreciente? Tal vez no existan palabras para explicar nuestra primera vez, la vida en la adolescencia. Quizás lo mejor es dejar que el recuerdo y la imaginación del lector lo determinen.
Cuando joven fue a la guerra, por que el olor de las crujientes y relucientes botas mezclado con el olor de los uniformes, las armas, etc., lo atraparon; aunque prontamente deserto de los ejércitos de su majestad, por que lo horrorizo un olor en particular, el de la muerte... el olor de la podredumbre, el de la carne descomponiéndose en los campos de batalla, el de los hospitales de campaña, la sangre vertida como ríos, cangrena comiéndose la carne cual ave carroñera, la pólvora inundando el aire, el olor del fango en los días de lluvia, el miedo, la locura, el heroísmo, olores de guerra, olores de muerte.
¡Julián! ¡Que pasa contigo muchacho! ¿Es que acaso no son claras mis indicaciones? Vamos, ve a darte una ducha y no regreses hasta que tu cuerpo huela apropiadamente. El muchacho en sus adolescentes 14 años, es plenamente consciente de su deuda de gratitud para con el señor, huérfano de sentimientos y familia, es el benjamín de la mansión. - ¡Clara! Por favor querida, ve que Julián sea higienizado correctamente ¡Realmente apesta! ¿Clara? ¡Clara!, Por favor presta atención, ahora me voy a desayunar con Sofía y luego saldremos a recorrer la ciudad, en cuanto nosotros nos hallamos ido, que desinfecten toda la casa, recuerda pino en los pisos, jazmín en las paredes y lavanda en los techos. Nosotros volveremos para cenar. ¡Ya sabes que confío en ti!
Bate sus palmas ligeramente, con gran refinamiento para llamar la atención. ¿Sofía? ¿Estas lista niña? ¡Ven, vamos al comedor, que muero de hambre!
Juntos, se los verá durante todo el día, de aquí para allá, la ciudad y sus habitantes serán envidiosos testigos de su felicidad y del amor que se prodigan el uno al otro. Cualquiera podrá pensar que el señor abusa de su condición con Sofía. Pero no es así, ella lo envuelve con sus olores juveniles y aleja temporalmente a su enemigo... El enemigo, lleva años intentando atrapar al amo de la casa ¿Cuántos van ya? ¿Diez, cien, mil? Y día a día el amo logra derrotarlo, con la ayuda de Sofía, de sus criados, de los doctores y las maquinas.
Tal vez si no hubiera participado de la guerra del centenario, hoy no estaría tan obsesionado, quizás aceptaría su destino con naturalidad, pero no fue así, si fue a la dichosa guerra, al dolor, al hacinamiento, a la sangre, la pólvora, la muerte... ¿Cómo explicarle, que su mal en este año del señor es incurable? Que el destino le jugo una mala pasada o que le cobro demasiado caro las oportunidades que le dio. ¿Cómo lograr su resignación, si nosotros mismos nos negamos a la realidad?
Cuando volvió de la guerra, lo hizo totalmente decidido a formar parte de los diez señores, su determinación era tal, que cambio su apariencia, baño su cuerpo con bellas fragancias, sus ropas emanaban olores a jardín, su presencia llenaba los salones con olores deliciosos, hasta llego a contratar un asesor de fragancias, un perfumista. Aunque también trajo con él a su enemigo, y en su lucha, aprendió a esquivarlo, a engañarlo.
El perfumista, su gran amigo, le enseño a tomar la fragancia de la mañana, a capturar el olor de la lluvia, a atrapar el aroma del mar. Le preparó tan bien, que el señor es capaz de reconocer las intenciones de una persona con solo olerlo, el no presta atención a lo que sus ojos le dicen, sino a lo que su nariz le indica, ello y su origen, sumado a su posición jerárquica, le han valido algunos enemigos, todos poderosos señores de linaje inmaculado, quienes se horrorizan cada vez que piensan que la nobleza y la habilidad surgida de la miseria por ellos creada, ahora ocupe un lugar en el poder. Y son estos enemigos quienes aliados con su peor adversario han tejido una telaraña tan densa que el amo no ha podido o no quiso, quizás, darse cuenta, cansado ya de la lucha de cada día. Como fuere, sus enemigos han infectado la mansión con uno de sus parásitos y el señor no se ha dado cuenta de ello.
¡Margarita! ¡Tus platos son cada vez mejores, mujer! ¡Sofía! ¿Ya terminaste mi niña? ¡Ven, vamos a caminar por la ciudad! Y allí van, el señor y su sirvienta, ambos felices, recorren las grandes galerías, los parques, las calles; el mundo envidioso testigo, comenta al pasar, pero ellos no hacen caso de la malicia, son felices en su propio mundo; entrar a un museo se convierte en una delicia, probarse ropa o una joya, correr por el parque descalzos hasta quedar agotados, gozar del sol en el rostro y la brisa al despeinar sus cabelleras, extasiarse de una puesta de sol, el atardecer, los olores de vida en su loco vendaval, por fin al caer la tarde regresan exhaustos, pero contentos, dispuestos a brindarse el último par de horas de felicidad mutua, de compañía, de amor, conscientes de que ha sido solo un día más, anhelando el siguiente amanecer...
El señor se apresta a descansar, suele tomarse una taza de café en la cama mientras mira televisión con Sofía a su lado hasta que se duerme. Recién entonces ella lo abandona para descansar, ella es feliz, el amo la recogió de las calles, de una vida insana, llena de morbosidad y mediocridad, en donde la belleza y la inocencia son un pecado, donde la noche es traicionera, donde el frío suelo es el acogedor colchón que guardara nuestros sueños. Ellos se han brindado amor como de padre a hija y viceversa, sepa el lector que aquí no hay maldad, deseche sus mórbidos pensamientos, aleje la mirada burlona y la sonrisa socarrona de su rostro. Ella y solo ella será su heredera. ¡Sofía, bella y joven Sofía! Por derecho propio, por amor conquistado.
Margarita se acerca a la habitación del señor, trae la consabida taza de café, aunque esta vez el aroma no es el mismo de siempre ¡Margarita! Siempre deseando mas, pobre pero con ambiciones de rica, avara hasta con sus gustos, ha renegado de la vida por su ambición, incluso dejo al amor en el altar porque era pobre y tenía poco futuro, al menos no el que ella deseaba. Entregaría el alma al diablo si con ello pudiera salir de su condición natal. Tenía 30 años cuando conoció al Amo, por aquella época todavía lucía una belleza envidiable, aunque su rostro ya denotaba la dureza, la frialdad a la que había sometido a su vida tras su ambición. Llegó a la casa convencida de poder conquistarlo y con ello a su fortuna y posición, pero los años y luego la llegada de Sofía, echaron por tierra con sus anhelos.
Envidia estigma de los fracasados, avaricia cadena de los sin corazón ¿Por qué habéis transformado la bella mariposa convirtiéndola en ruin cuervo, en buitre deseoso de la próxima carroña? La belleza de su rostro destruida para siempre bajo el crispar de su descontento. ¡Margarita! Su alma inmortal, marchita, la luz interior que tanto amaba, apagada para siempre por su naturaleza humana ¡Ah, cuanto derroche! ¡La necedad de no aceptar nuestro destino! ¡Margarita!
Las luces se apagan, el señor duerme intranquilo, en sus sueños se ve trasladado otra vez a la guerra, recorre los campos de batalla, puede ver los cuerpos destrozados por la metralla y los obuses, por un instante se detiene en un hospital de campaña, pero la imagen no cambia, solo hay dolor, vergüenza, muerte; mientras recorre su sueño con agonía; su mente lo obliga a razonar, comienza a ver ciertas diferencias con otros sueños, algo esta mal, intenta despertarse, corre de un lado al otro buscando una salida que le permita volver a la consciencia, nota el silencio de la escena y ve allá en el horizonte un jinete que cabalga velozmente en su dirección, grita desesperadamente, pide ayuda, presiente el final, ve al niño junto a su madre y al padre jugando con el pequeño, el desayuno en la mañana preparado por las amorosas manos, escucha las voces del pasado, siente al hombre jurando amor y protección al recién nacido, siente las caricias del primer amor, la rudeza de los golpes en su primera pelea adolescente. ¡Ayuda! ¿Sofía? La niña escapa del mal y se refugia en su regazo, revive el momento sublime en que su corazón fue conquistado por la pequeña. ¡Sofía! ¡Huye! Yo te protegeré, su amigo viene a protegerlo pero es en vano, ve que el enemigo ha logrado penetrar las defensas ¡Esta aquí! A las puertas de su habitación. Se despierta sobresaltado, no mira, solo olfatea, lo percibe, las puertas se abren, no hay luz, solo la oscuridad de la noche, el negro de la maldad, su cuerpo se retuerce en estertores de agonía, quedan tantos amaneceres, tantos lugares por descubrir, tanto amor por dar. Llega la hora... Solo logra tener un pensamiento ¡Sofía!
Finalmente, la Parca ha llegado, con su bagaje de fétidos olores a buscar a mi señor... |