Federico Guglielmone — Nació en Buenos Aires en 1980. Estudió con el escritor Jorge Torres Zavaleta. Luego, realizó algunos años de la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires y, actualmente, está finalizando la carrera de Redactor Literario.

 

“¡Jo, jo, jo!”, me dijo Papá Noel… 

         y me dio mi regalo. Yo lo había intentado esperar despierto toda la noche, pero me quedé dormido, y me despertó el ruido de la puerta de mi cuarto cuando se abre o se cierra, y papá me dice que suena así porque tiene no sé qué oxidado y… ¡No!, ahora me acuerdo bien; no, no sé; sí, creo que fueron dos ruidos, el otro lo escuché después, igualito como cuando la tía gorda viene los domingos a comer y después de ir al baño baja la escalera y pisa el escalón medio suelto y hace ese ruido a madera que va a romperse, que sólo hace ella por ser muy gorda. Y ni papá, ni mamá, ni mi hermanita debieron de escuchar los ruidos, porque cuando me desperté y del susto me metí bien debajo de las sábanas, no se escuchaba nada en toda la casa y ellos no se habían despertado. Y se me fue el miedo porque me acordé de que era navidad y que Papá Noel iba a venir a darme mi regalo, y me apuré a saltar de la cama, y como estaba todo oscuro en mi habitación no vi a mi hermanita, pero igual le saqué la lengua a su cuna que olía siempre a caramelo porque yo iba a ver a Papá Noel y ella no, y yo a iba a tener primero mi regalo y ella no. Y me apuré a bajar las escaleras hacia el arbolito de navidad que estaba a un costado de la chimenea. Y ahí lo vi a Papá Noel, todo gordo en su traje rojo y blanco, inclinado sobre el arbolito de navidad que yo había armado con mi mamá. Y él escuchó mis pasos y se dio vuelta, y yo le pude ver bien la barba toda blanca por las lucecitas de colores del arbolito que se encendían y apagaban, y Papá Noel me dijo: “¡Jo, jo, jo!”, y me dio mi regalo porque yo me había portado muy bien todo ese año. Y después de revolverme el pelo y sonreírme, y yo de tan contento de verlo no podía hablarle, se fue por la chimenea que papá no encendía nunca, mientras yo me quedaba con mi regalo, que estaba dentro de una caja grande, envuelta en papel rojo brillante, de esos que tienen barquitos blancos por todos lados, y estaba atada con una cinta verde y un moño grande. Y emocionado, contentísimo, aguantándome las ganas de ir al baño a hacer pis, gritaba a papá y a mamá que había venido Papá Noel y que bajaran para ver mi regalo. Y desaté el moño y rompí el papel rojo con barquitos y saqué la tapa de la caja, y me tembló todo el cuerpo porque me asusté mucho, mucho, mucho, y me hice pis en mi pijama al ver adentro a mi hermanita toda metida ahí, sin moverse, toda violeta. Y mamá gritó al bajar corriendo las escaleras y ver a mi hermanita así, y papá cayó de rodillas agarrándose el pelo. Y yo no sé cuánto tiempo estuve llorando, y mi mamá llorando, y papá que gritaba y me preguntaba y yo le decía que había sido Papá Noel. Y después entró la policía, tirando abajo la puerta de casa, con sus linternas y montones de pistolas, porque la vecina los había llamado al escuchar los gritos, y los policías preguntaban, y yo les decía: “Fue Papá Noel. Me dijo: ‘¡Jo, jo, jo!’, y me dio mi regalo”. Pero no me creyeron que había sido Papá Noel y no yo el que le había hecho eso a mi hermanita, que siempre olía a caramelo.

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