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ENTRE PUERTAS CERRADAS AMANEZCO
Llega el día
y sus débiles ojos en la mesilla aguardan;
la primavera con sangre en las ingles pasa.
Veo leones caer sobre la nieve.
Entre puertas cerradas amanezco;
trozos de espejos flotan en el agua.
El mar sobre la arena se hizo roca.
Como un eco doblándose sobre sí mismo.
Como una campana muda golpeada por papeles blancos,
así llegan los días para morir en nadie
y entonces
en qué labios levantar una ola,
¿sobre qué pecho entonces propagar los racimos?
Yace rota la copa del último diluvio.
Ningún paso se escucha en los andenes.
Asistid conmigo al parto de los huesos vacíos,
al lago y a la puerta que se hunde en el lago.
Tocad, tocad aquí
el mundo que despierta entre labios de polvo,
la luna arrodillada sobre el caballo inmóvil.
Mirad, mirad, retorna
la paloma diurna y sus alas quemadas.
Entre escombros de plumas se derraman dos soles.
A los turbios jardines vuelve el cuerpo cansado,
cuerpo con soledad
de habitación cerrada hace diez años;
y la palabra ayer baja por las espadas
y susurra el oído con lenta voz de náufrago:
Del amor nada queda, salvo nosotros
y las hojas caídas, y las ramas desnudas,
y las raíces que el río arrancó de tus manos.
Es de día en el valle
caen palomas de barro.
Frente al alba los faros se derrumban en lluvia. |