Conchi Hito Ortega (MC Hito) — Nacida en Vilafranca del Penedès en 1969, es profesora de Matemáticas de secundaria y escritora especializada en literatura infantil, modalidad con la que ha ganado el premio 2007 de cuento infantil del portal yoescribo.com. Combina su pasión por las matemáticas y la literatura en un blog http://contesmatematics.blogspot.com, donde profesores y alumnos comparten un espacio diferente donde los cuentos tienen algo de matemáticas y las matemáticas algo de cuento.

 

La luz en la ventana 

         Nuestra historia en el norte empieza, en una casita de nieve cubierta, en un día gélido, en un día de invierno.

         Son dos niñitas sus protagonistas: una se llama Laura, la otra se llama Silvia.

         Viven allá en el norte, en la casa de su abuelita, y cada noche ruegan porque el frío no persista; porque llegue la primavera y el hielo se derrita.

         Cada noche una vela encienden, cada noche en la ventana la ponen, para que alumbre al buen tiempo en su camino hacia el norte, a la casa de su abuela, de su abuela querida que, muy enferma, en la cama está tendida.

         Piden que la primavera llegue y que a ella le dé energía, que cure todos sus males porque ellas la necesitan.

         Más de tres años hace que las sombras persisten, que la luz se muestra huraña, que el calor se les resiste.

         ¿Dónde estará la primavera? Quizás erró su camino, quizás la cieguen: el viento y el frío. Por eso una vela encienden para que le haga de Lazarillo, y venga presta hacia el norte para recuperar el tiempo perdido.

         Y si la primavera no quiere venir pues… que venga su hermano el verano que, aunque de flores no entiende, al hielo no teme, y también derrite la nieve.

         Pero que vengan ya, a no más tardar, que el reloj juega a la contra y el resultado será fatal.

         ¿Quién oirá los ruegos de estas inocentes niñas?

         ¿Quién responderá presto cuando tanto lo necesitan?

         “No temáis”, les susurra la Luna, “que desde lo alto yo veo el camino y, aunque lo pareciera, la primavera no se ha perdido, lo que pasa es que viene lenta, por el peso de su destino”.

         Viene lista y preparada para presentar batalla al invierno que no acaba. Viene con sus armas cargadas: de dulzura y de calor; de esperanza y de color; de luz y de armonía. Viene como no vino nunca, para no ser vencida, para que el invierno se retire, para que gane la vida.

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