Agustín Mamolar — Bilbao, 1954, es Ingeniero Industrial. Su profesión le ha llevado a viajar constantemente durante un largo periodo de su vida. Así ha visitado con asiduidad Marruecos, Francia, Alemania, Estados Unidos, Italia, Argentina y Brasil; además de aquellos países a los que ha viajado para saciar su curiosidad como Grecia, Rusia, Túnez, Sudáfrica, India o Turquía, entre otros, y sus preferencias personales han coincidido así con sus obligaciones, pues viajar y conocer gentes y lugares es una de sus grandes pasiones. En los viajes personales ha utilizado medios como la bicicleta, la marcha y el barco; así como el tren, el avión y el coche para los desplazamientos más largos. Muchos de estos viajes los ha realizado solo, lo que hace que descubra la escritura, una necesaria compañía inmediata con la que compartir pensamientos, sensaciones y emociones. Luego, esta pasión se desató definitivamente y pasó de conformarse con intentar dibujar en un folio un momento vivido, a desear contar una historia; y producto de ambas fases son la publicación de dos artículos en el diario La Nación de Buenos Aires en 2003, y la edición de su primera novela, El Infinito Vertical, en 2005.
Actualmente reside en su ciudad natal, aunque ha vivido de forma temporal en Madrid y Munich.

 

SOLA 

El corazón roto, el alma palpitante
y en el pecho un puño de roca lacerante.
Quise arrancar al amanecer el brillo,
que el crepúsculo me hurtaba, y hacerlo mío.
Me agarré a mi entraña y rompí la mañana,
miré al cielo y reté al alba.
Un grito de libertad escapó de mi garganta
Murmullos que pensé lejanos me arrullaron,
pero brotaban dentro de mí, dulces y serenos.
Busqué cobijo y me encontré con mis manos.
Sentí frío y me confortó mi aliento.
No sabía que los recuerdos eran húmedos,
hasta que una imagen vieja mojó mis párpados.
Descubrí que nada es nada si no estaba en mí;
que solo hay cicatriz donde antes hubo herida;
que solo hay herida donde hubo temblor de vida.
Que no hay luz que no deslumbre.
Que no hay amor sin testigo.
Que no hay pasión que no mate.
Sola conmigo; sola sin ti; sola entre todos.
Sola, solitaria, soledad.
Se que mi alma rota resurgirá fuerte y entera
y que mi corazón reventará en otros sones.
La felicidad no es un regalo.
El amor no es un instante.
Duele el sueño que se desvaneció.
Duele el fuego que no quema.
Duelen los sueños que entre los dedos se fueron.
Duele dejar de amar y el amor dejado.
Alma con alma. Brazo con brazo.
Cómplice perdido. Mar bravío de soledades.
Miedo a no ser sola en soledad.

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