Trifón Abad — Nació en Murcia en 1979, y desde muy joven comenzó a interesarse por la escritura, que acabó por ser su profesión (periodismo) y su vocación (literatura). Iniciado en la poesía (Premio Creación Joven de Murcia, 2006), su aventura como narrador nació en 2004 a su llegada a Madrid, donde se licencia en Teoría de la Literatura. Ha participado en conferencias universitarias y recitales de poesía, ha publicado en la revista literaria ‘El invisible anillo’ (Ed. Eneida), y ha colaborado como Lector de Originales para el Premio Cosecha Eñe 2008 (Ed. La Fábrica). Actualmente trabaja como Coordinador de Redacción en una editorial del centro de Madrid, y como redactor de la revista cultural MadridUnderground.

 

Elementos sin fuego 

Me atacó el agua
derribando el alto castillo
que hice durante toda mi vida
sólo he hecho un castillo de arena

dejé que el aire se llevara mis sombreros
y rompiera las ventanas con violencia
no hice nada para evitarlo
sólo un castillo de arena

la espuma borró mis huellas
de la gran pizarra marrón de la playa,
me quedé solo y ya no era mi mundo el que pisaba
eran escaleras de conchas y ventanas de arena pálida

dejé mi alma en el agua
para que la corriente la llevara
dejé mi vida atada en la torre más alta


Letras

Déjalas flotar entre tus labios,
adoro las letras sinceras hechas aire.
Tomo su estela de plata
y enjugo con ella mis lágrimas. Infalible.

Si no salen francas
qué mal huelen…
con ese entorno de lamento ocre.
Malditas letras falsas de aire sucio,
¿quién os creó?
¿Por qué acudís a mi boca sin reclamo?
Deberíais estar presas en nubes huecas,
atadas al abismo del océano,
fustigadas en gemidos de la calle,
en libros de mentiras y de ángeles,
en fondos de últimas copas,
en el oscuro cañón del fusil.
Miraos, letras falsas,
utilizadas por hombres falsos.
Despertad, sacudíos, rebelaos.

Porque yo os amo reales, letras.
Y sanas.
Como semillas ocultas en el barro,
como un lazo desatado en el zapato del niño,
como la luz de un susurro al despertar,
como el abrazo de un padre,
como la última página de un libro.
Así os amo, letras. Y no engañadas.

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